Las aguas del Mediterráneo, desde Lampedusa hasta Canarias, nos traen cada semana imágenes de pateras sobrecargadas, de hombres y mujeres que arriesgan la vida buscando dignidad. Pero esas mismas aguas son también frontera de indiferencia: cifras que llenan titulares, discusiones políticas, debates que olvidan que detrás de cada número hay un rostro, una historia, un hijo de Dios.
Mientras tanto, lejos de nuestras costas pero tan cerca de nuestra conciencia, Gaza sufre un auténtico genocidio, con miles de civiles atrapados en un fuego cruzado que destruye hogares, hospitales y escuelas. Ucrania, tras años de guerra, sigue llorando la pérdida de vidas y la destrucción de ciudades enteras. Todo esto parece distante, pero en realidad forma parte de un mismo drama humano: la incapacidad de nuestra sociedad global para custodiar la vida como don sagrado.
El Evangelio nos da una clave luminosa y exigente: “Lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más [...]








