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Odisea en el desierto

MASPALOMAS AHORA
Domingo, 11 de febrero de 2018
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En 1957 se estrenaba en las salas de todo el globo “El puente sobre el Kwai”, película cumbre del género épico-bélico, triunfadora del año con sus 7 estatuillas y aclamada por público y crítica. Aún con el sabor del éxito reciente en su boca, el productor de la película, Sam Spiegel, le preguntó al director de su cinta, David Lean, “¿Qué otras ideas tienes?”, este respondió: “Tengo Lawrence de Arabia”.

La atrayente figura del británico T.E Lawrence, si bien no es tan extendida como otras tantas del siglo XX, tuvo un papel fundamental durante la Primera Guerra Mundial al unificar a las tribus árabes en una campaña conjunta contra Turquía. Su enorme curiosidad por el modo de vida, costumbres y cultura de los beduinos provocó que estos lo aceptaran como uno de los suyos y fue entonces cuando el inglés le juró amor al desierto. Desde los sangrientos encuentros bélicos, pasando por las relaciones interpersonales y hasta las dudas más existenciales que pululaban en su misteriosa mente, Lawrence dejó manifiesto de sus aventuras en su libro “Los siete pilares de la sabiduría”, el cual fue usado como punto de referencia directo por el guionista Michael Wilson y el dramaturgo Robert Bolt para dar forma al libreto que terminaría siendo el guión final de la película.

Omar Sharif y Peter O’Toole  en un fotograma de “Lawrence de Arabia” (1962)

Con el casting liderado por un jovencísimo Peter O’Toole, en el papel del joven  oficial británico T.H Lawrence, David Lean y su equipo se desplazaron a una zona desconocida de Jordania que no aparecía en los mapas, hasta su llegada en 1960, para comenzar el rodaje. Los días se sucedían y durante 8 meses la dureza del implacable terreno salía a relucir: Conmociones, esguinces, mordeduras de camello, un sofocante calor de 45ºC a la sombra, tormentas de arena y tener que vivir como el propio mundo beduino que buscaban reflejar, son algunas de las dificultades con las que el técnicos y artistas tuvieron con afrontar para llevar a cabo tal proeza. El resto del rodaje tuvo lugar en España, concretamente en la maravillosa Plaza de España (Sevilla) y en los alrededores de Cabo de Gata y Caboneras (Almería)

Y es que resulta complicado ver ‘Lawrence de Arabia’ como una película, un biopic más o incluso como lo que es; un retrato de un hombre brillante pero agonizado, perseguido y atrapado en su propio mito. Es una joya de 222 minutos que parece haber sido llevaba a cabo por dioses y que da como resultado el techo de la profesión. Su dificultad y complejidad como obra audiovisual comenzó nada más ser ideada, e incluso pensada. Cuando el director de fotografía Freddie Young, y el propio Lean, quisieron dotar de un protagonismo primario al propio desierto en sí. ¿Cómo? Filmando de una de las formas más panorámicas: En Super Panavision 70.
A pesar del enorme peso, tamaño y dificultad que desempeña el funcionamiento de estas cámaras, el trabajo de Young tras las cámaras es absolutamente soberbio: desde la elipsis de Inglaterra al desierto hasta los encuadres durante la campaña árabe, haciendo mención especial a la espectacularidad de la conquista Áqaba, el descarrilamiento del tren de pasajeros y la aparición de Omar Sharif. Todo envuelto en la ya legendaria partitura de Maurice Jerre que responde al uso clásico de latemotiv para la familiarización con personajes y entornos.
Y es que parte de la grandeza erradica en su naturalidad. En una época en la que era impensable no rodar lo que existía de verdad, no había lugar para algo abstracto. Si vemos arena lisa en el plano es se alisó antes de rodar. Si usted permanece absorto observando las montañas y que reinan en la soledad, es porque alguien las encontró. Puro cine clásico. Natural.

Sin embargo, la verdadera maestría de David Lean, quién siempre tuvo un don para dirigir superproducciones, residió no tanto en introducir los ingredientes en la fórmula sino en saber aplicar las dosis correctas y no descuidar a su principal baza: Lawrence. Acompañar al oficial británico en su travesía a través de la península arábiga, y de nutrirse de su propio manuscrito, consolida un viaje introspectivo a un mente estratégica, brillante y que genera, a todos los que quieran asomarse a ella, una enorme atracción al estar rodeada de numerosos misterios, muchos insuflados por el propio él mismo. Ansiaba el anonimato pero adoraba ser conocido. Era pacífico pero en los recovecos de su ser amaba la tensión y violencia de las batallas.

Casi dos años después de haber pisado la arena por primera vez, David Lean daba el cierre a la que había sido su película más redonda, la que más esfuerzo había requerido y la que más cerca estaba de los límites y constelación del cine. Es conocida la anécdota de que, al finalizar con esta película, Lean no pudo reprimir una vertiente incesante de lágrimas ya que el sacrificio mental y físico sabía que le impedirían volver a ponerse tras las cámaras durante una temporada.
El resto es historia: La crítica fue conquistada, el público enamorado y la película la triunfadora de su año con, al igual que el film anterior de Lean, con 7 Oscars de la Academia, incluyendo Mejor Película.

Para el recuerdo, la escena que mejor sintetiza el amor de Lawrence por el desierto.
- ¿Qué es, Mayor Lawrence, lo que tanto le atrae del desierto?
- Está limpio.

Esa mirada jamás se olvida. Obra Maestra.

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