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Cumplimiento íntegro de las condenas

MASPALOMAS AHORA
Sábado, 10 de febrero de 2018
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En estos días se está asistiendo en los medios de comunicación a un debate sobre la cadena perpetua revisable. Si se oyen los argumentos, o tal vez sería mejor decir las escusas de PSOE, Podemos y los nacionalistas para derogar la ley aprobada por el PP hace un tiempo, es muy difícil entender las razones esgrimidas. O, lo que puede ser más penoso, entenderlas demasiado bien. Como decía Eric Berne, médico psiquiatra canadiense y creador del análisis transacional del comportamiento humano, se le podía decir a cada uno de esos partidos que “lo que me quieres decir grita tanto, que no oigo lo que me dices”. Y me escandaliza.

Parafraseando a Adolfo Suárez, he de reconocer, y reconozco, que acato la Constitución Española del 78, que voté afirmativamente en su momento. Pero eso no significa que comparta todos y cada uno de sus artículos. Y creo también evidente que eso mismo le sucede a casi todos los españoles, que por unas u otras razones, discrepan de ciertos postulados. Por ejemplo, el PSOE o el extinto Partido Comunista de Santiago Carrillo, el del eurocomunismo para enmascarar el comunismo soviético, son partidos republicanos, aunque acataron lealmente la Constitución votada tan mayoritariamente por los españoles.

Su artículo 25-2, dice que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados”. Sin dudarlo dos veces, si hubiera tenido la posibilidad de votar artículo por artículo y no un texto completo, sería uno de los puntos en que lo hubiera hecho negativamente. Creo firmemente que hay dos principales justificaciones para las penas del código penal. En primer lugar, la de castigar al culpable de un delito. La segunda, su función ejemplarizante. Si además el reo se arrepiente y se reeduca, mejor para él, para su honor, su conciencia y para la sociedad libre a la que algún día volverá al término de su condena. Como tan acertadamente señaló Pedro Calderón de la Barca “Al rey, la hacienda y la vida se ha de dar; pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios”.

Pero en este debate un tanto artificioso, sólo Ciudadanos planteó inicialmente lo que para muchos es la auténtica demanda social, aunque ahora por el ruido mediático en las tertulias parece que duda en dar la batalla. Se trata de legislar sobre el cumplimiento íntegro de las condenas. Se está hurtando a la ciudadanía esta clamorosa reivindicación discutiendo sobre la conveniencia o no de que la prisión perpetua sea revisable o se elimine. Una cortina de humo.

Produce indignación y escándalo social leer que los tribunales condenan a una persona a un cierto número de años de prisión y mucho antes se encuentra de nuevo en la calle. A veces incluso, delincuentes multireincidentes. El insulto a la Justicia y a las víctimas de los delitos está servido, por mucho que sus señorías no quieran escuchar esta desazón ciudadana. Hablan de rechazar “puertas giratorias” para los políticos de otros partidos, nunca para los de su cuerda, pero ignoran el entrar y salir de algunos delincuentes y el sufrimiento de las víctimas.

Hay una objeción que se suele hacer a los que defendemos esta postura, acusándonos de buscar la venganza aplicando sin piedad la Ley del Talión, aquello del ojo por ojo y diente por diente. No estaría mal que esos objetores repasaran lo que significó en su momento el Código de Hammurabi para el ideal de justicia. No es una ley que busque la venganza, sino que por primera vez en la historia se legisló sobre la proporcionalidad entre las penas y los delitos, no dejándolo a la arbitrariedad del poderoso de turno. En el caso del cumplimiento íntegro de las penas de prisión, sometiendolo a la interpretación de la administración penitenciaria. Pues no.

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