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ICONOCLASTIA

El mentiroso y el cojo

Rajoy crucificó a la ministra Álvarez y a su jefe Zapatero por la, a su juicio, pésima gestión de aquella nevada, pero ahora, sin embargo, absuelve a los suyos de las mismas acusaciones que profirió contra sus contrincantes socialistas.

CRISTOBAL D. PEÑATE
Miércoles, 10 de enero de 2018
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Estos días de abundantes nieves peninsulares muchos se han dado cuenta de lo que ya otros sabíamos: que los políticos son unos truhanes, poco señores y muy filibusteros. Los que hace unos años culpaban al Gobierno de Zapatero de las consecuencias funestas de una gran nevada para automovilistas y pasajeros de tierra, mar y aire, ahora echan la culpa a los usuarios, a los ciudadanos, a usted y a mí en el caso de que usted o yo hubiésemos sido víctimas de la nieve, algo muy improbable, a no ser que el pasado fin de semana estuviéramos de viaje fuera de las islas.

Hurgando en las hemerotecas, videotecas y audiotecas del 28 de diciembre de 2008 (el primer invierno del Gobierno Zapatero) podemos ver y oír a M. Rajoy, en aquel entonces presidente del PP y líder de la oposición, despotricando del nuevo Gobierno socialista y muy especialmente de su ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, por su supuesta nefasta gestión de la gran nevada que dejó a automovilistas presos en sus coches durante muchas horas y a viajeros como el propio Rajoy sufriendo retrasos en sus vuelos.

Ahora, siete años y varios días después de aquel suceso que exasperó al PP y sobre todo a su presidente, que sigue siendo el mismo que entonces, M. Rajoy dice Diego donde había dicho digo. Echa balones y bolas de nieve fuera, eximiendo a su ministro de Fomento (también al de Interior) de cualquier responsabilidad, como si realmente fueran irresponsables, que algo de eso hay.

Rajoy crucificó a la ministra Álvarez y a su jefe Zapatero por la, a su juicio, pésima gestión de aquella nevada, pero ahora, sin embargo, absuelve a los suyos de las mismas acusaciones que profirió contra sus contrincantes socialistas.

Estos son los comportamientos que alejan a los ciudadanos de los dirigentes políticos. No son creíbles porque cuando acusan al contrario son incapaces de asumir nunca sus culpas cuando son las mismas. Su postura es incoherente. En descargo de Rajoy hay que decir que esa inconsecuencia es congénita e inherente a casi todos los políticos de uno u otro signo.

Por eso los ciudadanos de a pie ya no les creemos. Por eso cada vez hay mayor desconexión con la política. Por eso la gente está cada vez más desafecta. Lo incomprensible es que los políticos no se den cuenta de esta realidad tan meridiana. Bueno, eso pensando bien. Porque no quiero creer que se den cuenta y lo hagan adrede, tratándonos como a idiotas, que también puede ser. Aunque en este caso la estulticia estaría compartida a partes iguales.

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