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Mi madre es una kellys

Mamá, en el colegio me preguntan a qué te dedicas? ;Pedro, tú les dices que soy ama de casa, que me dedico a mis labores y también trabajo fuera de ella como limpiadora en un hotel.o

PEDRO RODRÍGUEZ
Lunes, 11 de diciembre de 2017
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Mamá, en el colegio me preguntan a qué te dedicas? ;Pedro, tú les dices que soy ama de casa, que me dedico a mis labores y también trabajo fuera de ella como limpiadora en un hotel.

Aún recuerdo cuando mi madre llegaba de trabajar, allá sobre los años ochenta, ella que pertenece a un grupo de mujeres que solían hablar en los patios del bloque donde vivíamos o en el rellano de las escaleras sobre confidencias que ellas solo entendían. Porque tenían minada la autoestima ante el escaso reconocimiento de una labor estresante y poco estimulante. Solo ellas sabían de su resignación y vulnerabilidad, de ser víctimas de las circunstancias económicas y de una época, de sentirse menos que otras mujeres que pudieron estudiar más.

Hoy hablo de una generación silenciada, resultado de condicionantes no sólo económicos, también sociales  y culturales. Mujeres como mi madre que desempeñaron un trabajo fuera y dentro del hogar. Mujeres con inquietudes que ejercieron trabajos mal pagados.

La vida de muchas de ellas cambiaron desde que se casaron muy jóvenes y dejando de estudiar ya que venían los hijos y había que atenderles. Mi madre no tuvo otra alternativa, ella asumió todo lo que implicaba eso: no tener remuneración, no tener límite de horario, sin reconocimiento, sin protección, sin bajas por enfermedad, sin cotización, sin pensión propia por su trabajo dentro de su hogar.

Sigo hablando de una generación de hogares en los que, para que el marido ejerciera ocho o diez horas de trabajo, se necesitaba el apoyo “silencioso” de una mujer que, a su regreso, tuviese preparada la comida o la cena, la ropa planchada y la casa bien limpia. Yo aún recuerdo a  mi madre levantarse temprano cada día derecha a tomarse una pastilla para sus dolores musculares  y acostarse la última día tras día, después de hacer la comida, fregar o barrer, subir vueltos de pantalón...

 En una época en la que las jornadas de trabajo y toda su dinámica estaban diseñadas y articuladas bajo un mundo de hombres y para hombres, donde quedaba claro el poder del hombre como "cabeza de familia", como el único que tiraba del hogar hacia delante...Y no fue así...

Yo conozco a las amas de casa que trabajan, que han sido y siguen siendo el núcleo de la familia. Las que si faltan, se desmorona todo. Yo tuve la suerte de ser consciente de esto pronto. De ver que mi madre ejercía un trabajo a la sombra, con poco espacio para el descanso.

Por eso queridos lectores hoy comprendo a todas "Las Mujeres, Madres y Kellys", con problemas de espalda, de tendinitis, desgaste de cartílago, dolores, estrés, ansiedad. Todo por los trabajos duros y mal pagados dentro y fuera del hogar. Ustedes son las grandes olvidadas del sector de las labores de limpieza.

Siempre intento traer a éstas páginas  temas serios; hoy trato la problemática que sufren las camareras de piso y  la prolongación del trabajo en el hogar. Desde aquí me uno a la denuncia a las que miles de mujeres llevan años denunciando; sus condiciones laborales, cómo les afecta el estrés y la ansiedad por querer terminar a tiempo y en condiciones el trabajo por los cupos de habitaciones imposibles de cumplir, y soportando mucha presión y niveles de exigencia alto.

Muchas mujeres tienen asumida la profesión, cuando regresan a casa de la agotadora rutina laboral, ellas se empeñan en hacer la comida, limpiar o tender la ropa, porque eso es de "ella" y no se puede pagar a nadie. Cuando mi madre no podía más, mis hermanas y yo mismo hemos cubierto parte de su trabajo, es ahí, al vivirlo en nuestra  propia piel, cuando hemos sido consciente de cuánto ha callado y soportado, del estrés y el escaso reconocimiento a esa tarea de "KELLYS"

No quiero terminar este artículo sin que las Madres que me están leyendo se vayan  con la sensación de que, por ser ama de casa o limpiar fuera de ella, no han sido nada en esta vida. Quiero que sepan, que lo han sido todo.

Y también quiero que sepan, que estamos en deuda con todo el trabajo invisible, que ustedes mujeres han hecho toda su vida.

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