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¿Confiar en Oscar?

OCTAVIO MEDINA
Lunes, 4 de diciembre de 2017
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No importa quienes seamos ni lo que hagamos, a todos nos gustaría recibir un Oscar. Imagínese a usted, si usted; recogiendo el ansiado galardón con sonrisa aún nerviosa mientras los astros del firmamento de Hollywood aplauden su reconocimiento y posterior discurso mil y una vez ensayado ¿No es algo maravilloso? Desde 1929, en distintos de las más prestigiosos teatros de la ciudad de Los Ángeles, se celebra anualmente la entrega de este glorioso reconocimiento cuyo fin es alabar los méritos profesionales en la industria cinematográfica.
Cuando vemos una película anunciada en televisión o en internet, algunos de los principales reclamos publicitarios suelen ser: “Dirigida por el ganador del Oscar… Del ganador del Premio de la Academia… Nominada a 7 Oscars incluyendo…” La eficiencia de esta frase es evidente ya que parece otorgar una calidad especial a cualquier cinta que la posea en su cartel, trailer o spot televisivo. Pero, ¿es cierta esa supuesta calidad? Veamos los siguientes datos históricos:

Alfred Hitchcock (Psicosis, La ventana indiscreta, Rebeca), Charlie Chaplin (El gran dictador, Luces de ciudad) , Stanley Kubrick (2001: Odisea del espacio, El resplandor, La chaqueta metálica) o Akira Kurosawa (Los 7 samuráis, Ran, El infierno del odio) son algunos de los directores más respetados, estudiados y exitosos de todos los tiempos, sin embargo, jamás ganaron el Oscar a “Mejor Director”.
Actores y actrices como Peter O’Toole (Lawrence de Arabia), Glenn Close (Amistades peligrosas) o Kirk Douglas (Senderos de Gloria) tampoco se hicieron con el ansiado premio. Y tampoco lo hicieron películas que hoy día han pasado a la historia por su superioridad, según crítica y público, a las ganadoras de ese año como “Taxi Driver” ante “Rocky” en 1976, “Apocalypse Now” frente a “Kramer contra Kramer” en 1979 o “El pianista” en presencia de “Chicago”

De igual modo, incontestables resultan cada uno de los 11 Óscars, la mayor cantidad cosechada por alguna película en la Historia, otorgados a la todapoderosa “Ben Hur” (1959) y a la épica de “El señor de los anillos: El retorno del rey” (2003). La victoria John Ford en la gala de 1942 por las intensas imágenes que recogió personalmente en el documental “La batalla de Midway” (1942) o cada una de las nominaciones acaparadas por el famoso compositor John Williams (Star Wars, E.T) y la siempre maravillosa Meryl Streep (La dama de hierro, Los puentes de Madison)

¿Entonces? Nada.

Los Oscars no son más que la opinión de un jurado, de la misma forma que nosotros tenemos la nuestra. Su fidelidad y compromiso viene dada, en mi opinión, por la cada vez mayor espectacularidad del evento en sí, y todo el glamour y estrellas del firmamento hollywoodense que se reúne en un mismo sitio una vez al año. La única diferencia entre nosotros y ellos viene dada por la capacidad de materializar su opinión en una lujosa figura. Incluso en numerosas ocasiones, la Academia ha querido parchear algunos de sus más sonadas “injusticias a voces” otorgando Oscars Honoríficos,  como en el caso de los directores Elia Kazan (Un tranvía llamado deseo) y Howard Hawks (Río Bravo)
Y es que el hecho de que jurado y público estén en disonancia solo tiene un verdadero ganador, el más importante: El espectador.

Habrá muchísimas personas que, por ser fieles al criterio académico y a su curiosidad, se inyectaran todas y cada una de las películas que serán nominadas en febrero del próximo año. Otras, sin embargo, disputaran con los primeros debates sobre cuales deberían haber sido incluidas de las incontables cintas que permanecerán al margen.

Es en este punto donde el verdadero valor de la variedad hace su efecto. Donde unos y otros forman una comunidad.

Quiero pensar que eso son los Oscars; una opinión que invita a plantearte si el veredicto dado por unos pocos tiene comunión con lo que tú piensas ya que, poco importan los premios, cuando estás a solas o acompañado frente a una pantalla no hay jurado más eficiente que uno mismo. Así que siéntese tranquilamente a disfrutar de cualquier película. Haga caso omiso a esas bonitas palabras, a esas estatuas amarillas y a la cantidad acaparada. Usted tiene la última palabra. Usted es el espectador. ¡Diablos! La película fue hecha para usted, ¿sabe?

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1 Comentario
Espectadora
Fecha: Lunes, 4 de diciembre de 2017 a las 19:47
Totalmente de acuerdo. ¡Gran Verdad! Hay que ver lo que nos gusta.... Fantástico artículo

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