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Viviendo en San Borondón

Del despatarre al manspreading

JOSÉ FRANCISCO FERNÁNDEZ BELDA
Sábado, 17 de junio de 2017
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Los que proclaman disparates, son disparatados.  Eso se podría decir parafraseado a Forrest Gump.  Y si lo hacen en inglés, además de seguir diciendo lo mismo, le añaden un plus de esnobismo o de frikismo que hace parecer al personaje, como mínimo algo pintoresco.  Por cierto, el DRAE define al esnob como aquella persona que imita con afectación las maneras, opiniones, etc., de aquellos a quienes considera distinguidos.  Y a su vez llama friki a quien aparece como extravagante, raro o excéntrico. Y en el mundo de la llamada nueva política, haberlos hailos a paletadas.  Y lo peor es que presumen de ello.

El asunto a comentar, que si no fuera por la imposición totalitaria de la ideología de género, sería tan chistoso como irrelevante, comenzó con la propuesta de Sara Moya, portavoz de la CUP de Tarrasa, contra el “despatarre” masculino en los transportes públicos porque los hombres “invaden el espacio vital de las otras personas, habitualmente mujeres, en una muestra de machismo y micro-agresión que puede incomodar a quien lo tiene que sufrir”.

Para seguir luchando contra estas micro-agresiones, también proponía cambiar la simbología de los lavabos en los que las mujeres se esquematizan con falda y los hombres con pantalones.  No se tiene noticia sobre los iconos que pensaba introducir para sustituirlos, pero visto lo visto, es de temer lo peor y que la confusión nos invada a la hora de elegir la puerta, máxime si la cosa tiene su cierta urgencia y no se está como para descifrar jeroglíficos de género.

Y como no hay ocurrencia de cualquier político progresista autonómico que no salte casi de inmediato a la Villa y Corte, el gobierno de Manuela Carmena no ha tardado en hacer suya la ocurrencia de la formación ultra izquierdista catalana y ya tiene en estudio su formula madrileña contra el “escarranche”, como diríamos en Canarias.  Eso sí, para que suene con más solvencia y se preste menos a relajos y cachondeos propios de la canallesca, así se denominaba antes a los periodistas cuando actuaban en cuadrilla, han preferido cambiar lo de despatarre por “manspreading”.  Imagino la cara epatada de los oyentes ante tal proclama, normalmente no muy puestos en la lengua de Trump, ante el rigor léxico y semántico de la proponente para poder hablar aparentando seriedad, pero conteniendo la carcajada mental.

Hay que reconocer que dicho así, en inglés americanizado, suena a algo como más serio y digno para poder dilapidar y repartir a siniestra, a diestra es tabú, dinero público entre sus “dinamizadores sociales”, como los concejales de Manuela Carmena, con el apoyo del PSOE de Carmona, llaman eufemísticamente a los enchufados.  Por cierto, ¿no será por eso de querer perpetuar los enchufes, que los de Podemos quieren nacionalizar las compañías eléctricas, para dar nuestra “energía” (fiscal) a los suyos sin que se note en demasía?

A más de uno se le habrá ocurrido pensar que el despatarre no es sólo masculino, aunque por razones anatómicas pueda ser más frecuente.  Observar a los viajeros de ambos sexos, que no géneros pues no son cosas sino seres humanos, puede ser la prueba empírica.  Eso sin olvidar que algunas escarranchadas femeninas forman ya parte de la mitología cinematográfica.  Cabe recordar, conteniendo la risa y la admiración, la que protagonizó Sharon Stone frente a un despatarrado mental, Michel Douglas, en la película Atracción fatal.   De antología!

A estas políticas que parece no tener nada más importante que proponer para solucionar los problemas del mundo mundial que estas ocurrencias, sólo les importa conservar sus sueldos públicos.   Algunas hasta queriendo desestructurar el amor romántico, como en Canarias.

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