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Atajar la corrupción

(A partir del artículo “La corrupción como un sistema de ciclos viciosos entrelazados: lecciones desde Nation Lab”, de Loren Cobb y Miguel A. González)

XAVIER APARICI GISBERT
Viernes, 24 de febrero de 2017
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Cuando la corrupción arraiga en las instituciones de gobernanza de un país se convierte en uno de los impedimentos principales para su buen desarrollo social y económico: el que haya que “pagar por jugar”, el que no imperen las mismas reglas para todos, ocasiona importantes rémoras al bienestar general. Y, así, para sanear un sistema corrupto se requiere mucho más que honestidad, competencia y responsabilidad públicas: la deseable regeneración, precisa que las intervenciones se den en los ámbitos más sistémicos y coordinadamente.

En regímenes formalmente democráticos y con una sociedad civil activa, como el nuestro, el eje más relevante de intervención es el político, en el que se requiere desmontar la trama de extralimitación de poderes que las fuerzas políticas ejercen sobre la administración pública, complementándola con la apertura de los cauces de control, participación y protagonismo a la ciudadanía. Todo ello, en sincronía con los otros ámbitos de intervención.

1 Para la reforma administrativa se han comprobado como más eficaces las acciones implementadas “de abajo hacia arriba”, ya que los cambios iniciales, al tener impactos menores sobre el statu quo de la clase política, no exacerban su resistencia al cambio. Para la consecución de este objetivo, se crean agencias especiales, libres de interferencia política, facultadas para, con criterios de mérito y capacidad, contratar y promover, en una primera fase, a las y los empleados públicos de los niveles gubernamentales más bajos. Paulatinamente, la reinstauración de la legitimidad en la función pública alcanza a toda la escala administrativa.

2 No obstante, en el sistema de justicia y de las fuerzas de seguridad, donde los estamentos y cargos más altos detentan una autoridad extraordinaria sobre los más bajos, la mejor intervención será la que se realice “de arriba hacia abajo”, ya que su estructura disciplinaria frustraría vías alternativas. Para neutralizar la impunidad en las corruptelas, habría que renovar los “mandos”, desde la cúpula a la base, con funcionariado comprometido en des jerarquizar estas instituciones e introducir el rendimiento de cuentas en todos sus escalafones.

3 Los avances en la Política y la Administración tendrán su influencia virtuosa en el rompimiento del ciclo corrupto de la economía informal (la que no cumple con la tributación de impuestos) y de la irresponsable (la que medra ajena al bien común), al racionalizarse las condiciones de regulación y de supervisión pública. Recíprocamente, poner coto al sobredimensionamiento corporativo y al acaparamiento excesivo de recursos, extender la responsabilización medioambiental y propiciar la economía al servicio de la comunidad creará dinámicas virtuosas de financiación estatal proporcionada y de mejoramiento económico generalizado.

4 Coordinado a los descritos, el otro espacio de mejora es el de la transparencia y la salvaguarda del interés general en las negociaciones y acuerdos con empresas y entidades multinacionales. Dada la magnitud de los impactos de estos convenios, todo progreso en la buena dirección hace que los beneficios sean grandes y directos.

Con todo, mientras en nuestra cultura se dé una consideración relevante al ánimo de lucro y a la concentración de riqueza, la lucha contra la corrupción será constante; y mientras el culto a la autoridad se mantenga, la posibilidad de corruptelas no desaparecerá. Mientras tanto, se imponen intervenciones decididas, sistemáticas y crecientes para poner coto a esta lacra social mayor, fuente principal de insatisfacción e injusticia generalizadas.

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