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Quienes apreciamos a José Miguel Pérez

Ahora dispondrá de más tiempo para profundizar en Galdós y Negrín y disfrutar de sus nietos

PAULINO RIVERO
Domingo, 5 de febrero de 2017
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Hace unos días José Miguel Pérez, figura respetada intelectual y políticamente, fue homenajeado por un grupo de familiares y amigos que hemos tenido la oportunidad de conocer de cerca a quien sin duda es una grandísima persona. Como se recordará, después de catorce años en el primer plano de la escena pública el pasado noviembre anunció su retirada de la política, si bien se mantiene como afiliado de base del PSOE. Pérez vuelve a la Universidad -de la que nunca se fue del todo- como catedrático de Historia Contemporánea. Ahora podrá disponer, por fin, del tiempo necesario para profundizar en el estudio de dos de sus grandes pasiones, Galdós y Juan Negrín, y sobre todo para disfrutar de su familia, de sus nietos.

He mantenido y mantengo con José Miguel una relación estrecha y una colaboración basada en la lealtad y el respeto mutuo. En un primer momento, en los años que presidió el Cabildo de Gran Canaria, coincidiendo con mi primera etapa como presidente del Gobierno de Canarias. Más tarde compartimos muchos momentos a raíz del apoyo que responsablemente él y su partido dieron al Ejecutivo autonómico tras la salida de los populares del mismo, de noviembre del 2010 hasta las elecciones del 2011. Y por último, de forma muy especial, en los cuatro años que compartimos la responsabilidad de liderar a nuestros respectivos partidos y el Gobierno de nuestra tierra en la legislatura 2011-2015

Canarias contó durante una legislatura completa con una mayoría parlamentaria sólida y con un Gobierno estable, compacto, capaz y firme. Cuatro años con una estabilidad que en las Islas ni se había dado hasta ese momento ni se ha logrado con posterioridad. Las legislaturas anteriores convirtieron en algo habitual que los gobiernos de pacto o coalición se rompan antes de culminar el cuatrienio que separa unas urnas de las siguientes. De hecho, desde que comenzó nuestra andadura autonómica, en el año 1982, ningún Gobierno había culminado su respectiva legislatura sin rupturas. Desgraciadamente, las deslealtades, la falta de generosidad y la supeditación del interés partidario al interés general han marcado la aún joven historia de nuestra autonomía.

A José Miguel y a mí nos toco gobernar y gestionar los que posiblemente serán recordados como los años más difíciles de las últimas décadas. La crisis económica afectó y debilitó duramente a los recursos púbicos, produjo una pérdida del bienestar que se había logrado durante los últimos treinta o cuarenta años y amenazó con producir una fractura social en nuestra sociedad. José Miguel y yo compartimos una visión de la Canarias, modelo o forma de entender las Islas por la que trabajábamos dando lo mejor de nosotros mismos. Peleamos por una Canarias más cohesionada, más unida, más solidaria y con menos diferencias sociales. Trabajamos para que Canarias fuera menos dependiente y, por lo tanto, para que fortaleciera sus instrumentos de autogobierno y sus capacidades financieras.
Más allá del día a día queríamos y creo que conseguimos que el Gobierno diera respuesta a las necesidades más urgentes sin perder de vista el medio y largo plazo.

Trabajamos con la convicción de que era necesario tener unas cuentas publicas saneadas para que superada la crisis estuviéramos en las mejores condiciones para afrontar el futuro. Un nuevo Estatuto de tercera generación, conseguir el consenso social y político sobre el REF económico o poner de acuerdo al conjunto de la sociedad canaria sobre la Estrategia Inteligente de Crecimiento Económico para fortalecer y diversificar nuestra economía y afianzar la atención de la Unión Europea a insularidad y la lejanía fueron metas y compromisos que estuvieron siempre presentes en nuestra agenda.

Con José Miguel Pérez compartí plenamente desde el primer minutos los principios que deben marcar el ejercicio de las responsabilidades públicas: la honestidad, la lealtad, el respeto, la transparencia, el rigor, la defensa de los intereses generales sobre los privados, la generosidad y el compromiso con la parte más frágil de nuestra sociedad. La lealtad, el respeto y el cumplimiento a la palabra dada es compatible con la defensa de las posiciones partidarias. Los acuerdos y los pactos exigen seriedad, generosidad y respeto entre las partes.

La moción de censura a Jerónimo Saavedra -en el 1993- impulsada por el entonces vicepresidente del gobierno Manuel Hermoso y la ruptura del prepacto firmado en el año 1995 entre PSOE Y CC fracturó gravemente las relaciones entre ambos partidos en beneficio del PP.
Con estos antecedentes es de justicia reivindicar que a la normalización de las relaciones entre PSOE y CC contribuyó de una forma importante el talante y buen hacer del por aquel entonces secretario general socialista.

A José Miguel se le debe también que Canarias haya tenido un gobierno estable y serio durante una legislatura completa. Deja la política una buena persona, con mayúsculas, y un gestor capaz y socialmente comprometido. La Universidad y su familia están sin duda de enhorabuena. Quienes lo apreciamos y respetamos nos alegramos por él.

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