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Guárdame una cría

Normalmente los partidos que no están en el poder son los que suelen tener problemas internos por aquello de que fuera hace mucho frío y no hay nada como estar en casa calentito.

CRISTOBAL D. PEÑATE
Miércoles, 21 de diciembre de 2016
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Normalmente los partidos que no están en el poder son los que suelen tener problemas internos por aquello de que fuera hace mucho frío y no hay nada como estar en casa calentito. Eso lo podemos ver claramente en el Partido Socialista, con una gestora que tarda en arrancar y que trata de retrasar el próximo congreso para fastidiar a los críticos de Pedro Sánchez y favorecer a los oficialistas de Susana Díaz.

Tampoco los partidos emergidos (más que emergentes) se libran de esas luchas intestinas, como estamos viendo estos días con la pugna interna entre Iglesias y Errejón en Podemos o la de los críticos de Ciudadanos que cuestionan el liderazgo absolutista de Albert Rivera.

Lo que es más difícil de entender es el mar de fondo que se vive en el PP tanto en el ámbito nacional como regional. La lucha por la Delegación del Gobierno en Canarias no deja de ser una chorrada, pero la intensidad con la que Enrique Hernández Bento ha defendido con uñas y dientes su continuidad demuestra que las cosas no andan rodadas en el partido gubernamental.

Enrique sucedió a su hermana Carmen al frente de la Delegación del Gobierno en Canarias, como si ser inquilino de la Plaza de la Feria fuera una condición hereditaria, esos asuntos de familia que dirimían Al Capone o el patriarca de los Corleone en El Padrino.

Desde que Soria se marchitó, el PP canario ya no es lo que era. Antaño eran todos sorianos porque, si no, no salían en la foto. Los hermanos Bento lo eran, pero también Antona, Australia Navarro o Mercedes Roldós. Ahora, muerto el jefe, no han tenido ni el pudor de guardarle el luto. La nueva delegada del Gobierno, destacada exdirigente del PSOE grancanario, es una conversa. La médica gallega dijo en su día que abandonó el PSOE por la corrupción. Sin embargo, cuando la corrupción invadió el PP miró para otro lado.

Para ella es un ascenso pasar de senadora a delegada gubernativa, todo lo contrario que le ocurrió a Carmen Hernández Bento, que entendió que pasar de delegada a parlamentaria en Madrid era una subida de escalafón. Ni en algo tan baladí se ponen de acuerdo.

Por si esto fuera poco, Aznar ha renunciado al cargo de presidente de honor de su partido. Hasta ahora había sido un honor, pero al parecer ya no lo es. No sabe la alegría que le ha dado a don Mariano, al que años ha colocó con su dedo de emperador como candidato a la Presidencia del Gobierno. Y ahora que llegó al cargo, tampoco le gusta. Quien les entienda, que les compre. Guárdame una cría.

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