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Otra vez en el vagón de cola

Un sistema educativo debe estar libre de sectarismos y sin imposiciones de creencias o ideologías, pero que tampoco discrimine a nadie en el ejercicio de su libertad.

SEGISMUNDO URIARTE DOMÍNGUEZ
Viernes, 9 de diciembre de 2016
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El último informe PISA sobre educación  sitúa, una vez más, a Canarias por debajo de la media española, de la Unión Europea y de los países de la OCDE en los indicadores de Ciencias, Matemáticas y Lectura e indica, además, que un 38 por ciento de los estudiantes repiten curso. Ante estos resultados que nos sitúan en el vagón de cola, seguramente, las autoridades educativas de Canarias intentarán quitarle yerro al asunto esgrimiendo una serie de argumentaciones que no convencen a nadie porque esta situación se viene repitiendo en este tipo de informe.

Mientras los políticos continúen viendo y utilizando la enseñanza como una forma de adoctrinar a los educandos en sus propias ideas no habrá forma de atajar esta situación, por lo que urge, de una vez por todas, un gran pacto de estado que saque definitivamente a la educación del debate político.  Un sistema educativo debe estar libre de sectarismos y sin imposiciones de creencias o ideologías, pero que tampoco discrimine a nadie en el ejercicio de su libertad. Ni a los padres al elegir la educación que quieren para sus hijos, ni a cualquier tipo de promotor de centros docentes. Un sistema que, por supuesto, reserve a la Administración Central y Autonómica el papel primordial que debe tener para velar por la calidad educativa.

Cuando hablamos de calidad educativa debemos pensar en la manera de evaluar las actuaciones que se hagan para lograrla al objeto de saber hasta dónde se está llegando. Los docentes tienen un importante papel para buscar todas las formas de crecer profesionalmente y poder estar en condiciones de ayudar a las generaciones futuras a desarrollar todas sus capacidades que les permita poder tener la posibilidad de crecer culturalmente en su propio beneficio y en el de sus allegados.

Pero, no sólo son los docentes los que tienen un importante papel, también los padres tienen que colaborar activamente para complementarlos eficazmente para intentar evitar, por ejemplo que vaya a más  la falta de respeto a los docentes no sólo por parte del alumnado sino también por parte de algunos padres. Cuestión ésta muy grave porque la autoridad y la disciplina deben estar presentes en la escuela como en toda organización social que necesite mantener un cierto orden para el cumplimiento de sus fines. Lejana parece ya la época en que era incuestionable la autoridad de los docentes.  Hoy en día, de la mano de una democracia mal entendida; han perdido autoridad, al punto de ser objeto de graves faltas de respeto y cuestionamientos infundados. Sin la autoridad del profesor o profesora no hay disciplina, y sin disciplina los que no quieren estudiar conculcan fácilmente el derecho de los demás a hacerlo.

La calidad educativa, por tanto, involucra a una serie de factores que son los que permiten desarrollar la función docente en las mejores condiciones para los alumnos de acuerdo a las capacidades de cada uno de ellos. La sociedad está actualmente reclamando una educación de calidad en todos los aspectos, aunque por desgracia en la mayoría de los casos la misma sociedad desconoce cuáles son los aspectos prioritarios a evaluar para poder decir que se cuenta con una educación de calidad en nuestras escuelas. Lo malo es que, en muchas ocasiones, los que se encuentran inmersos en la labor educativa desconocen también cuáles son los conceptos que se deben vigilar para estar en condiciones de considerar como un trabajo de calidad a la labor que se realiza día a día en las aulas.

Nuestro sistema educativo se encuentra inmerso en una sociedad cambiante que le exige un proceso de reforma continua con la finalidad de buscar los mejores resultados en beneficio de los jóvenes, a sabiendas de que un buen resultado en el proceso educativo se verá reflejado en toda nuestra  sociedad.

Y en la búsqueda de esos mejores resultados deben estar implicados tanto el profesorado como los padres y madres, los sindicatos y la administración de una manera efectiva, sin absurdos protagonismos, sin corporativismo, sin politiqueos y con una gran dosis de responsabilidad, de profesionalidad y de eficacia para paliar los defectos que están impidiendo proporcionar a los adolescentes las destrezas esenciales que potencien las habilidades como estudiantes, y como personas, lo que es una  garantía de quedar tirados en la primera cuneta y engrosar las listas de los analfabetos funcionales.

Si no se enaltece el saber como valor en sí mismo, no hay exigencia ni reconocimiento para los que trabajan. La igualdad de oportunidades permite a todos los chicos y chicas beber de la misma fuente, pero forzar a todos a beber al ritmo de los que no tienen sed sólo garantiza la desigualdad. Quienes puedan pagarse lecciones privadas saldrán más o menos adelante, mientras el talento se nos va hundiendo poco a poco en el aburrimiento y la frustración de no haber sido nunca valorado.

Es evidente  que algo está fallando en el sistema educativo de Canarias que, curso tras curso, un número muy significativo de jóvenes lo abandonan sin alcanzar titulación básica alguna, sintiendo la sensación de haber fracasado, de no servir para los estudios y quedar “fragilizados” ante el marcado de trabajo,  en una situación nada esperanzadora dado que se quedan sin competencia reconocida. Esta es una realidad incuestionable a la que hay que intentar dar una solución más eficaz que la  que actualmente se está dando si no se quiere que sigamos ocupando el vagón de cola de la educación.

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