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Viviendo en San Borondón

Recuperando el 12 de Octubre (y 2)

Las instituciones turísticas que debieran ser referencia en Gran Canaria, ni están ni se les espera para este asunto

JOSÉ FRANCISCO FERNÁNDEZ BELDA
Lunes, 26 de septiembre de 2016
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En la primera entrega de este artículo, se decía que de una u otra forma, prácticamente todos los países del mundo reconocen la importancia histórica trascendental del 12 de octubre de 1492.  Todos menos Gran Canaria, que casi ha olvidado la efeméride, a pesar de ocupar un lugar y un protagonismo fundamental en el viaje colombino y poder hacer de ello un atractivo histórico cultural para la población en general y para el turismo muy en particular.

Las instituciones turísticas que debieran ser referencia en Gran Canaria, ni están ni se les espera para este asunto, salvo tal vez para asistir a alguna copichuela a la que se autoinviten, pagando los contribuyentes.  Ni está el Cabildo Insular, con lo que algunos denominan por su patente inutilidad el Papanato de Turismo, ni tampoco está el hoy en estado de vida vegetativa y sin la menor relevancia CIT,  aquel Centro de Iniciativas y Turismo que fundaran en 1934 personalidades de la talla de Domingo Doreste Rodríguez ‘Fray Lesco’, los hermanos Néstor y Miguel Martín-Fernández de la Torre, Federico León Santanach y Domingo F. Cárdenes Rodríguez para defender la necesidad de fomentar y organizar el turismo en Gran Canaria.

No obstante, en el asunto de utilizar la gesta colombina como atracción turística, cabe destacar la labor de un presidente y un vicepresidente del Cabildo, con gran visión de la importancia de la figura del Almirante y del Descubrimiento.  Uno fue Matías Vega Guerra, encargándole a Néstor Álamo montar la Casa de Colón, y otro Jesús Gómez en su etapa de presidente del CIT, recuperando del abandono la carabela La Niña del Capitán Etayo que pronto estará junto al Museo Elder en el Parque de Santa Catalina, puerta de entrada a la ciudad para los cruceristas.

Por tratarse de políticos, no deberíamos escandalizarnos de que ahora se esté usando la  memoria de Cristóbal Colón para terciar en una lucha de intereses empresariales y usarlo como escusa para declarar el Palmeral del Oasis como BIC, cuando es evidente el desinterés que han tenido, desde hace demasiadas décadas, por este también importante recurso turístico.  La suciedad, abandono y falta de mantenimiento en las zonas públicas del Palmeral es humillante, contrastando con las muy cuidadas áreas ajardinadas vecinas, en manos de hoteleros privados.

Como ya he escrito en más de una ocasión, vuelvo a la carga en este nuevo 12 de octubre, sugiriendo a las autoridades la oportunidad de colocar junto a la réplica de la carabela La Niña, esa misma que atravesó el Atlántico navegando hasta América, una placa que recuerde para la historia los nombres de los treinta y nueve españoles que el Almirante dejó en la parte noroccidental de la isla recién descubierta que hoy es Haití.  Quedaron en el Fuerte de Navidad, llamado así porque fue construido con los restos del naufragio de la nao Santa María ocurrido el 25 de diciembre de 1492.  Al regreso, en el segundo viaje colombino, todos ellos habían muerto en unas extrañas circunstancias que no vienen ahora al caso.

Una excelente novela basada en este hecho histórico fue publicada por el granadino José Manuel Fajardo con el nombre de “Carta del fin del mundo” publicada en 1998.  En esta obra singular, la trama argumental se desarrolla trascribiendo una supuesta carta que Domingo Pérez, tonelero, le escribe a su hermano, pormenorizando los sucesos de cada día.  En uno de sus párrafos puede leerse una idea que debiera servir a nuestros dirigentes para reflexionar:  “Hablamos poco y miramos mucho, mala cosa, pues si el exceso de palabras suele dar rienda suelta a ideas atolondradas y a malentendidos, el silencio es abono de rencores y de negros pensamientos, que son aún peores”.  Sin dudarlo, suscribo lo que José Manuel Fajardo parece sugerir, aplicado a todos nosotros, pero en particular a políticos que hablan de pajaritos.

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