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Crónica de un vertido anunciado

Para que no se repitan hechos como este. Ojalá haya sido solo un ensayo general con pocas consecuencias. Acudiendo al topónimo del lugar: ¡No más cabronadas como esta! ¡No más, cabrones!

ANTONIO MORALES MENDEZ
Lunes, 28 de julio de 2014
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 El Cabrón y su entorno de 956,20 hectáreas fue declarado en septiembre de 2011 Zona Especial de Conservación (ZEC), dentro de la Red Natura 2000, que persigue asegurar la supervivencia a largo plazo de especies y hábitats naturales de Europa. En sus miles de arrecifes, bancos de arena y cuevas sumergidas y semisumergidas, habitan más de 153 especies de algas marinas y  más de cien de peces, lo que la convierte en un área de una  enorme y rica biodiversidad. El nombre del espacio natural se debe a un navegante andaluz, Pedro Hernández Cabrón, que acompañó a Pedro de Vera en la conquista de Gran Canaria a finales del siglo XV y que, en una contienda al desembarcar en esta zona del litoral agüimense, sufrió una dura derrota y perdió una buena parte de su dentadura a causa de una pedrada certera de un canario de los que peleaban por rechazar a los conquistadores. Nunca se imaginó aquel marino que le daría nombre a un lugar que, más de cinco siglos después, se ha convertido en una referencia del submarinismo mundial que atrae a miles de visitantes cada año para disfrutar de su rico patrimonio natural.

En la tarde del miércoles día 16 de este mes, un vertido incontrolado de fuel estuvo a punto de hacer un daño irreversible a una zona con vocación de convertirse en una de las reservas marinas más importantes de Canarias. Todo empezó cuando sobre las tres y media de la tarde la Guardia Civil primero y el 112 después, avisan al Ayuntamiento de Agüimes de que una mancha de piche de un kilómetro de largo por 15 metros de ancho se encontraba a la altura de El Cabrón y que un buque de Salvamar intentaba alejarla de la costa. Desde los servicios municipales se empiezan a poner en marcha las medidas de alerta y a localizar al personal y los medios necesarios por si llegaba a algún punto del municipio. Sobre las cinco y media de la tarde un grupo de buceadores alerta de que el vertido estaba tocando tierra en la zona de la Punta de la Sal. En ese momento, comienza un combate sin tregua. De manera inmediata el personal municipal se suma a los buceadores. Se emprenden las tareas de limpieza con los medios disponibles en aquel momento y hacemos una batida por los comercios y ferreterías del municipio en busca de más monos, botas, guantes, mascarillas, etc. Llegan los primeros camiones, cubas, cubetas, etc, propiedad del ayuntamiento o alquiladas. Llamamos al Cabildo para pedir ayuda y nos asegura la consejera de Medio Ambiente que hay un conato de incendio en la cumbre y todo el personal está movilizado con ese fin. No puede ayudarnos. Le pedimos que active a los bomberos del Consorcio de Emergencias. Localizamos a la Delegada del Gobierno y nos dice que su misión es la de descubrir a los infractores.  Reclamamos ayuda al CECOES para que active los servicios de emergencias, pero solo aparece un helicóptero a las ocho de la noche para hacer un video desde el aire. También llega a esa hora un técnico de Protección Civil y Emergencias que se queda con nosotros durante todo el proceso (su ayuda fue siempre muy importante). Demandamos una ambulancia al 112 para atender a los operarios y colaboradores afectados por los gases, pero igual que vino, se fue. Tenemos que acudir a Cruz Roja que nos presta a partir de ese momento una ayuda extraordinaria. Se acerca hasta nosotros un suboficial del Consorcio de Emergencias y nos dice que no dispone de medios para actuar. Dedujimos que se refería a medios humanos. Se hace de noche y nos advierten de que hay que parar porque con la oscuridad se pueden producir accidentes. Habían pasado tres horas pero se había avanzado de forma sorprendente, lo que fue crucial para eliminar lo más grueso del derrame. Nos fuimos a casa con miedo porque no sabíamos como podía evolucionar el vertido durante la madrugada.

 

A la mañana siguiente, jueves día 17, comprobamos que la tarea del día anterior había dado resultados. Vimos que la rápida actuación y el esfuerzo realizado habían sido muy productivos. Se reanudan los trabajos. Comienzan a llegar las primeras personas voluntarias, entre ellas los buceadores. Se incorpora un técnico del CECOES y se integra activamente en el equipo de coordinación. WWF nos facilita protocolos de actuación de los que se emplearon durante el accidente del Prestige. Nos sirven de gran ayuda. Se establecen las zonas de atención sanitaria, de recepción del voluntariado y de coordinación. Más tarde, hace acto de presencia Paulino Rivero al que mostramos nuestro descontento porque nos han dejado solos. Le dice a los medios de comunicación que entiende nuestro enfado. Nos pregunta si no nos ha llamado el Director General de Seguridad y Emergencias. Le decimos que no. Éste nos llama más tarde y no podemos coger el teléfono. Le devolvemos la llamada y está comunicando. No hemos vuelto a saber de él. Sobre el mediodía llegan los helicópteros del CECOES que transportan material de Tenerife. Nos ofrecen ayuda San Bartolomé de Tirajana, Ingenio y Santa Lucía. Supermercados, panaderías, embotelladoras…, nos traen gratuitamente alimentos para el voluntariado y los trabajadores. Nos llama Ezequiel Navío de la Oficina de Acción Global, experto en vertidos,  y comprobamos con él que las personas que están en contacto con el fuel están debidamente equipadas y protegidas. Un piloto  nos informa de que el miércoles a las diez de la mañana avisó a la torre de control de la existencia de un vertido enorme en el mar. Se acercan hasta El Cabrón los consejeros de Obras Públicas y Medio Ambiente del Cabildo y nos ofrecen maquinaria y personal. Les pido que medien con la Delegada del Gobierno para que la Unidad Militar de Emergencias nos mande soldados y, sobre todo, la única máquina extractora de lodos que existe en Canarias. Nos llama María Australia Navarro y le pedimos también que intervenga para lograrlo…

El viernes 18 solo conseguimos del Gobierno central un ataque del responsable de Capitanía Marítima. Dudamos nosotros y muchos medios de comunicación de que actuara de motu propio: minimiza el vertido y afirma que apenas son cien metros los contaminados, siembra dudas sobre el origen de la contaminación y nos acusa de que estamos haciendo más daño con la limpieza que el propio vertido. Siguen llegando riadas de voluntarios, al final serán casi mil personas las que habrán colaborado en la limpieza. Las que han mostrado lo mejor del ser humano. Las que cambiaron el alquitrán por la solidaridad y la defensa del bien común. Formalizamos desde el principio su participación para que se integraran de manera rigurosa y ordenada. Los buceadores nos confirman que los fondos están limpios, que no hay restos visibles en las profundidades. Nos dan una tremenda alegría. Llamamos a Gesplan para pedirle personal pero nos dice que no tiene. Hacemos gestiones directas con la oficina del General del ejército  responsable de esta provincia para pedirle ayuda. Nos dicen que tenemos que seguir un protocolo que consiste en pedirlo al Cabildo, que éste tiene que solicitar el aval del Gobierno de Canarias y éste a su vez tiene que demandarlo a la Delegación del Gobierno que tiene que, por último, pedirlo al ministerio de Defensa. Desistimos. Se ofrecen de la prisión Las Palmas II para hacernos llegar colaboradores. La viceconsejera de Medio Ambiente se acerca a la zona, se hace la foto y se va. Los técnicos de Costas certifican que el área contaminada seriamente supera los 800 metros. El espacio definitivo afectado es de 2.300 metros. Al final de la tarde se han recogido casi veinte toneladas de piche que tendremos que retirar y llevar hasta la península con un gestor autorizado que cobrará por este trabajo unos 6.000 €. En la tarde noche decidimos no convocar para el día siguiente al voluntariado porque se precisa trabajo con maquinaria específica y podría haber riesgo para las personas. El litoral ha mejorado considerablemente…

El sábado 19 se acercan a la zona técnicos de Tragsa y valoran positivamente los trabajos realizados. Se sorprenden ante algunos de los artilugios diseñados sobre la marcha para realizar la limpieza. Se trabaja todo el día con hidrocompresores. Aparecen unos pequeños vertidos al sur del faro de Arinaga que se combaten el lunes siguiente… Se llega a la conclusión de que ya no tiene sentido seguir limpiando manualmente. Valoramos el  que una empresa especializada en atacar con bacterias identifique el ADN del fuel y nos haga una propuesta de actuación. Ya les hemos hecho llegar las muestras. Calculamos que no va a costar menos de 80.000 €.  Se actuó tan en profundidad que algunos técnicos consideran que a lo mejor no tenemos que echar mano de ese recurso. Lo estamos estudiando. También preparamos los informes jurídicos precisos y hemos acudido a los tribunales demandando la exigencia de responsabilidades y la reparación de los daños causados…

Se trata de una crónica apresurada de unos hechos que hablan a las claras de la falta de coordinación de las administraciones, de un complicado entramado burocrático difícil de deshacer, de que disponemos de un sinfín de normas pero de pocos medios humanos y materiales, de que ha habido una patente dejación por parte de muchas administraciones y una manifiesta falta de colaboración institucional con el ayuntamiento de Agüimes…

Pero lo peor de todo es que estos hechos se pueden repetir. Por nuestras aguas navegan cada día decenas de petroleros que pueden tener un accidente y anegar de fuel nuestras costas. ¿Estamos preparados para hacer frente a una catástrofe de este tipo? ¿Contamos con los medios necesarios? La información que nos hace llegar el piloto el jueves y las circunstancias del accidente nos obligan a pensar que no. Si la torre de control advierte de la existencia de una mancha en el mar a las diez de la mañana ¿cómo es que no se avisa inmediatamente a los municipios que se pudieran ver afectados para que estén alerta? Pero si se sabe desde esa hora, por lo menos, ¿por qué no se actúa para impedir que la mancha llegue a tierra? Ante un vertido de estas características caben varias actuaciones para imposibilitar que se acerque al litoral. Se puede quemar el fuel en el mar, aunque genera otro tipo de contaminación ambiental y es una práctica muy poco utilizada. Se puede provocar una dispersión química a través de barcos o aviones para reducir el impacto sobre la vida marina, aumentar la biodegradabilidad e impedir la adhesión a superficies sólidas.  Se pueden crear almacenamientos temporales en tanques flotantes con succionadores de disco que pueden “chupar” hasta treinta toneladas de fuel por hora. Se puede contener, confinar y recuperar en la mar el fuel vertido con barreras anticontaminantes flotantes que pueden ser costeras, portuarias y oceánicas… ¿Por qué no se hizo? ¿Por dejación? ¿Porque no disponemos de estos medios? Alguien tendría que responder a estas preguntas y dar cuenta a la ciudadanía… Como tendrían que responder, y varios meses después aún no lo han hecho, por el vertido que contaminó una parte del litoral de San Bartolomé de Tirajana en el mes de abril. Me cabe la sospecha de que esté implicada en ello alguna institución del Estado. Mientras, se recrudecen en estos días las campañas de Soria y Repsol a favor de las extracciones de crudo en nuestras aguas. Y vuelven a sacar a pasear a la bicha del gas. Con una total desvergüenza. Con un profundo desprecio a  la ciudadanía…

Hemos servido de conejillos de Indias. Ojalá sea para bien. Para que aprendamos la lección. Para que se actúe con rigor. Para que dispongamos de más medios. Para que no se repitan hechos como este. Ojalá haya sido solo un ensayo general con pocas consecuencias. Acudiendo al topónimo del lugar: ¡No más cabronadas como esta! ¡No más, cabrones!

 

 

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1 Comentario
mareanegra
Fecha: Jueves, 31 de julio de 2014 a las 13:08
Hipótesis tramposa: Luna llena, calma chicha, vertido en zonas marina protegidas (a la que no afecta el vertido porque el piche se queda en la orilla y no va al fondo que es lo guay); crudo de calidad (luego, no es de la limpieza de la sentinas de los barcos), vertido controlado (pequeño, preciso y en horario diurno, no valla ser), y que no llegue a las playas que estamos en verano.

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