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Crisis de confianza

Sábado, 28 de Marzo de 2009
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Los más sesudos analistas económicos y financieros, coinciden en señalar que el principal obstáculo para superar la situación que actualmente a todos nos preocupa, es la propagación de una crisis de confianza que afecta a amplios segmentos del mercado, pero también a la población en general. Los bancos no se fían, los inversores menos, los consumidores hacen lo propio y las previsiones de lo que pueda pasar dentro de tan sólo unos meses no cuentan ni mucho menos con unanimidad clarificadora. Se ha pasado de la euforia y la mano ancha que introdujo muchas perversiones en el sistema, al miedo y el puño cerrado que acogota ahora cualquier capacidad de reacción; de prometer el falso cielo que se edificó bajo el dinero fácil, al infierno que supone la casi ausencia de circulante. De ahí a la destrucción de los exponentes más débiles del tejido empresarial y de empleo que ya estaba en precario, sólo ha mediado un paso. El hasta hace unos meses sólo candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos y hoy principal referente de la política de ese país y probablemente de la internacional, Barack Obama, ponía en valor durante su campaña electoral uno de los ingredientes más necesarios para salir de este escenario, la esperanza. Así las cosas, su yes, we can (sí podemos), la actitud positiva como agente de movilización frente a la crisis, se mantiene vivo como eje anímico vertebrador de una batería de medidas anticrisis que vienen a complementar las ya tomadas tras su llegada a la Casa Blanca. Hace unos días afirmaba que estaba en disposición de asegurar que Estados Unidos ya está viendo la luz al final del túnel, una salida que situó en el primer semestre de 2010. Sea o no así finalmente, se cumplan o no los plazos que adelanta y aún aceptando que no sólo "de esperanza vive el hombre", lo cierto es que se trabaja en la clave adecuada, se trasmite la actitud necesaria, se convoca la unidad de acción como estrategia inteligente, se invierte toda la energía en el objetivo prioritario, no como en otros lares. En España y en Canarias por ejemplo, el escenario es otro. La crisis de confianza toma varios rostros y nos coloca en la peor actitud posible, en la más patente irresponsabilidad, en la menos oportuna de las conductas. Aquí la crisis de confianza se pretende extender al mismísimo Estado de Derecho y sus instituciones, a las entrañas mismas del principal pilar desde el que se debe afrontar la salida de este pantano de dificultades en que se ha convertido la economía mundial y por añadido estatal. Aquí los productos tóxicos no vienen en forma de subprime, sino de acusaciones y puesta en tela de juicio de policías, jueces, magistrados, fiscales, ministros, presidentes de autonomías, alcaldes, concejales, parlamentos, del Estado de Derecho en su conjunto. Aquí la gran hipoteca tiene como amenaza el cargarse la credibilidad y la estabilidad del sistema de libertades en tan sólo un año, colocándonos a todos en una peligrosa morosidad de sentido común. Pareciera que algunos están más interesados en que todo pueda ir peor, pensando que eso representa algún tipo de ventaja para su futuro político o simplemente no están dispuestos a aceptar que afrontar unidos la crisis ahora es un logro de todos/as mañana. Los repetidos dimes y diretes, las descalificaciones innecesarias, los espectáculos indecorosos y las conductas fuera de toda ética, parecen haberse instaurado en unos escenarios políticos y sociales, el español y el canario, que merecen sin duda otras respuestas, de otras actitudes, de otra altura de miras. Se hace necesario poner en valor, que sólo desde la actuación conjunta e integral de todas las administraciones canarias, se podrá dar respuesta a los dramas sociales que está generando esta crisis. Se hace imprescindible poner en valor que ninguna estrategia partidaria es moralmente legítima en estos momentos, si no prima los intereses generales y la unidad de acción responsable que haga posible responder efectivamente a la crisis. Se hace un deber moral, poner en valor el Estado de Derecho y sus instituciones, hacer desaparecer la duda y la quiebra de sus principales pilares. Toca restablecer confianzas, no abrir crisis de credibilidad. Toca poner todas las energías en recuperar las condiciones necesarias para crear riqueza y empleo, no sembrar frustración y crispación que, sinceramente, no creo contribuya en beneficio real a nadie. Toca colocarnos en la actitud precisa, en disposición de arrimar el hombro y apuntar en la misma dirección, porque lo contrario es condenar a muchos a un abismo que a la larga nos podría envolver a todos/as.
Aureliano Francisco Santiago Castellano, alcalde de Telde
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