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¿Podrá Obama?

Sábado, 07 de Marzo de 2009
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El ‘Yes, we can’ de la campaña electoral de Barack Obama contagió a millones de ciudadanos y ciudadanas estadounidenses y posibilitó la ilusionante victoria del entonces candidato demócrata y su ascenso a la presidencia. Pero su mensaje de cambio y esperanza llegó también a los más recónditos lugares del Planeta, a personas de distintos planteamientos ideológicos que tenían el deseo común de pasar página, de dejar atrás el gobierno nefasto de George Bush, que nos lega una pesada herencia tanto en el terreno económico como en la conflictividad en distintas zonas del mundo. Las elevadas expectativas generadas por Obama suponen, asimismo, un alto riesgo de generar una enorme frustración si el flamante presidente de Estados Unidos se separa mucho del discurso renovador con el que alcanzó la Casa Blanca. Un discurso y un carisma que posibilitó que se establecieran numerosas comparaciones con el que desarrollara en los años sesenta John Fitzgerald Kennedy. Aunque apenas hace mes y medio que comenzó sus tareas presidenciales al frente de la primera potencia económica y militar del mundo, los primeros pasos dados parecen apuntar en una buena dirección. Este es el caso de la política exterior, con la anunciada reducción de la presencia de tropas en Irak, en el camino de acabar con una ocupación militar nacida de una guerra realizada por completo al margen de la legalidad internacional. Al tiempo, va a incrementar el despliegue de sus fuerzas armadas en Afganistán, intervención que sí contó con el apoyo de las Naciones Unidas. Espero y deseo que la nueva administración también realice los máximos esfuerzos para una justa salida al conflicto de Oriente Próximo, con el apoyo a la creación de un Estado Palestino; y, asimismo, que facilite el desbloqueo del conflicto del Sahara, en consonancia con las resoluciones de Naciones Unidas. Multilateralismo Sus primeras declaraciones en este ámbito también se dirigen a una superación de la etapa Bush, caracterizada por el desprecio a la legalidad internacional y la imposición de una visión unilateral en la que sólo tenía voz y voto Estados Unidos. Obama parece apostar por un planteamiento multilateral y por favorecer el entendimiento entre culturas, acabando con el discurso de la guerra de civilizaciones que caracterizó a la administración ultraconservadora que dominó Washington en los últimos ocho años y que, con sus acciones y omisiones, nos dejó un mundo más violento e injusto. En la misma línea se inscribe la sabia decisión de cerrar Guantánamo, un oprobio a la humanidad y una vergüenza para los valores de la democracia y la libertad, incompatibles con las detenciones arbitrarias, el limbo judicial y la tortura institucionalizada. Por otra parte, todos los datos apuntan a un posible replanteamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, tras cinco décadas de enfrentamiento y bloqueo de la isla caribeña, que sólo se ha traducido en sufrimiento para su población. Economía También en el ámbito económico está dejando su impronta el presidente Obama. Así sucede con su decisión de incrementar los impuestos a las grandes fortunas y utilizar ese dinero para financiar la imprescindible reforma sanitaria, una de las grandes asignaturas pendientes de este país, negativamente alejado en este terreno del Estado de Bienestar europeo. Sus medidas destinadas a proteger a las familias, a las clases medias y a los desempleados también inciden en relevantes avances sociales que escandalizan a los sectores más conservadores de la sociedad estadounidense. En su reciente encuentro con el primer ministro británico, Gordon Brown, Obama puso de manifiesto la necesidad de coordinación internacional, especialmente entre los países integrantes del G-20, para estimular las economías y para abordar los problemas que afectan a los bancos, no eludiendo la necesidad de establecer medidas para superar la etapa de falta de regulación que ha llevado al actual caos. Sus declaraciones duras respecto al comportamiento que ha tenido Wall Street y los sectores financieros en la actual crisis y su aviso a las industrias petroleras de que está preparado para su reacción tras plantear impuestos adicionales para las compañías de gas y petróleo y la eliminación de exenciones fiscales de las que disfruta el sector, muestran a un presidente con liderazgo y dispuesto a aplicar su programa reformista. Un líder plenamente consciente, asimismo, de la resistencia de los sectores más conservadores y egoístas de la sociedad, algunos de los cuales, desde las filas más reaccionarias del Partido Republicano, llegan a la descabellada comparación del titular de la Casa Blanca con Lenin y Stalin. En definitiva, los primeros pasos del nuevo presidente son claramente esperanzadores y abren la puerta a un cambio moderado y real en la política interna y en las relaciones exteriores de Estados Unidos; en la medida en que Barack Obama sepa sortear los obstáculos y resistencias de lobbys muy poderosos podrá completar o no su ambicioso programa de mejora de las condiciones de vida de sus ciudadanos y ciudadanas, y de establecimiento de un marco de relaciones internacionales menos imperial, más democrático y más justo. Román Rodríguez es presidente de Nueva Canarias.
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