Al mismo tiempo que Obama tomaba posesión como nuevo inquilino de la Casa Blanca, Marco Aurelio Pérez y los suyos hacían lo propio en la Casa Condal de San Bartolomé de Tirajana, esta vez no como presidente de la Corporación, sino como un miembro más de una estancia repleta de aposentos para quienes habrá que habilitar unas cuantas camas extras con desayuno incluido. Dicen sus fieles que el alojamiento supondrá una nueva sangría a las ya saqueadas arcas públicas, motivo que han tenido en cuenta para, en principio, no dar de alta de en la seguridad social a todos a la vez, ni tan siquiera a los aduladores que no se despegan del rabo de Pérez en busca de una asesoría técnica, sobre todo ahora que se esperan despidos en el Ayuntamiento.








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