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Guantánamo

Sábado, 24 de Enero de 2009
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Un presidente con nombre  “Bendición”. En árabe. Baraka, que es lo mismo que Barack. Todos esperamos que sea una bendición para su país pero también para el mundo, porque lo que se haga en Estados Unidos de Norteamérica repercute en el resto del planeta. Barack Obama ha iniciado su mandato firmando decretos que lavarán parte de la ignominia de su antecesor, George Bush, que no sabemos cómo puede dormir tranquilo teniendo sobre su conciencia la muerte de miles de personas inocentes en los conflictos de Afganistán y de Irak, o su complicidad en el genocidio de palestinos, perpetrado por su aliado Israel. Obama se dejará asesorar también en el tema del empleo de energías alternativas no contaminantes, al contrario de Bush, que ni siquiera firmó el Protocolo de Kioto, porque toda su vida y los negocios paternos  giran en torno al petróleo. Barack Obama  ordenó el cierre de la prisión de la base de Guantánamo en el plazo de un año, así como revisar los procedimientos de detención y de interrogatorios, para prohibir la tortura y los malos tratos. También afirmó que proseguiría la lucha contra el terrorismo. Todos unidos debemos luchar contra esa lacra mundial que desprecia la vida humana y causa tantos daños y sufrimientos, pero tendría que empezar por prohibir el terrorismo de estado que practican algunas naciones cometiendo crímenes de lesa humanidad. Estados Unidos, o cualquier país de la Tierra, tienen que someterse a las leyes internacionales y respetar los derechos humanos, si desean actuar con dignidad y que haya paz, cooperación  y justicia en el mundo. Mucha gente se preguntará por qué existe la base de Guantánamo, en Cuba, como otros, especialmente las generaciones más jóvenes de España,  harán la misma pregunta sobre las bases americanas de Rota y y de Morón, o el anacronismo de la colonia de Gibraltar, producto de un acto de rapiña de Gran Bretaña, aunque se esgrima para justificarlo, el Tratado de Utrecht. Al menos devolvieron Menorca que también entraba en ese tratado. La base de Guantánamo se estableció hace más de un siglo  cuando Estados Unidos obtuvo el control de la isla de Cuba al término de la guerra hispano-estadounidense en 1898. Invadió la bahía de Guantánamo y allí se quedó hasta ahora. Había políticos norteamericanos que pretendían apoderarse de todo la isla, de la misma forma que en épocas anteriores quisieron anexionarse México cuando las tropas yanquis llegaron hasta la capital azteca y le robaron tanto territorio como el que tiene ese país actualmente. La base naval ocupa una franja de 117 kilómetros cuadrados, de los que 49 de ellos son tierra firme y el resto agua y pantanos. Desde su independencia, Estados Unidos ha realizado más de cien invasiones en diversos países del mundo y se han inmiscuido en los asuntos de otros tantos, imbuidos por sus ansias imperialistas, o sus intereses estratégicos y espurios. No es de extrañar que tengan tantos enemigos en el planeta. Claro que también hay que decir que existen gobiernos amigos, porque han contribuido a perpetuar en el poder a muchos dictadores y personajes sin escrúpulos, tanto en África como en Asia y, en el pasado, en la América Latina. Volviendo al asunto de Guantánamo, el 28 de febrero de 1901, el senador estadounidense Orville H. Platt propuso enmendar la Ley de Gestos del Ejército, incluyendo en esta cláusula que regulaba las relaciones entre el nuevo estado independiente y los Estados Unidos. Se llamó la Enmienda Platt , y recibió el apoyo del legislativo yanqui y de la presidencia, tras lo cual el gobernador militar de Cuba entregó la resolución a la Convención Constituyente de este país caribeño. La Enmienda Platt fue incorporada en la Constitución cubana. El tratado establecía, entre otras cosas, que Estados Unidos tendría completo control y jurisdicción sobre la bahía de Guantánamo, con propósitos de operar estaciones navales y de embarque, mientras que reconocía que la República de Cuba mantenía su soberanía. No obstante, los representantes cubanos recibieron la Enmienda sin mucho entusiasmo porque no contempla la jurisdicción única del territorio de la provincia de Cuba bajo dominio español, excluyendo de hecho la isla de Pinos del resto de la jurisdicción. Se dejaba para un futuro arreglo la propiedad de la misma. El tratado condiciona el arrendamiento de ciertos servicios, permite la intervención militar y restringe las relaciones exteriores. Así mismo prohíbe la deuda pública. El nuevo Tratado de Reciprocidad firmado el 3 de septiembre de 1934 entre Cuba y Estados Unidos sustituyó a la Enmienda Platt y al Tratado Hay-Quesada, aunque dejó pendiente de solución la cláusula referente a las estaciones navales y carboneras, que desde entonces limita a la base naval de Guantánamo. El tratado reafirmó el derecho de paso a Cuba y sus socios comerciales a través de la bahía de Guantánamo, modificando el pago anual de una renta de 2.000 dólares en monedas de oro, al valor equivalente en 1934 de 4.085 dólares del Tesor. Agregó el requerimiento de que la terminación de esta renta necesitaba  el consentimiento de ambos gobiernos, o el abandono de la propiedad por Estados Unidos. En 1961 se acabó la relación entre Estados Unidos y Cuba, por decisión unilateral del Gobierno Revolucionario de Cuba. No obstante. Mantiene la obligación de pago del arrendamiento y de hecho continúa vigente, por lo que Cuba no tiene derechos de actuación sobre la base. Ese trozo desgarrado de Cuba,, que constituye la parte leonina de un tratado impuesto por una nación poderosa a un estado más débil, ha sido utilizado, como ya sabemos, como prisión y lugar de tortura para supuestos terroristas de Al Qaeda, a los que se les negaron sus derechos más fundamentales. Tal vez no desaparezca la base de Guantánamo, porque Estados Unidos sigue teniendo más poder y la sartén por el mango, pero, al menos, si podrá desaparecer esa mancha que debe avergonzar a un país que se considera democrático y que respeta la Ley.
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