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Un silencio cómplice

Jueves, 15 de Enero de 2009
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El pasado año 2008 se ha cerrado con un 13,6% de parados  y con una destrucción de empleo en el mes de Diciembre de 139.694. Ante esta realidad aplastante, el presidente Rodríguez Zapatero ha anunciado que a partir de Marzo comenzará a recuperarse el empleo con lo que demuestra que es un optimista empedernido y confunde la realidad con sus deseos porque hay que tener en cuenta que, según el informe de cierre de desempleo de la Zona Euro estamos en la cola a bastante distancia. Con este panorama es muy difícil hacer creer a los españoles que en tres meses se va a recuperar el empleo. Sólo hace falta pasearse por cualquier ciudad de España, entrar en cualquier tienda y hablar con la gente de la calle para ver que la solución de esto no va a ser a tan corto plazo. Hasta hace muy poco, en España, las principales imágenes de la crisis económica giraban alrededor de los vaivenes de las bolsas, los dramas familiares que aparejan las hipotecas y el desolado panorama de las grúas que penden como horcas sobre edificios en construcción abandonados a su suerte. Las manifestaciones airadas de los trabajadores de Nissan por las calles de Barcelona y los de otras empresas en ciudades como Gijón o Algeciras han sido la otra imagen de la crisis. Una imagen embargada hasta ahora por los sindicatos tradicionales cuyos dirigentes están haciendo el papelón de su vida actuando como comparsas mudos de un Gobierno que está siendo incapaz de aminorar la avalancha de destrucción de empleo que se  ha ido produciendo, un gobierno que está acometiendo una serie de medidas que pueden estar poniendo en peligro la Economía Nacional, un Gobierno que inyecta dinero a los bancos y no es capaz de exigir que ese dinero sirva para ayudar a las familias y a las Pymes. Ningún país Europeo tiene tanto paro, tampoco EEUU ni Japón. No sólo somos líderes en paro, sino que lo somos con mucha ventaja sobre los demás. Solo Eslovaquia se nos acerca, a Francia, que es la siguiente, le aventajamos en casi un 33%. Si, como ha dicho Zapatero, la causa del paro fuera únicamente "el estancamiento económico generalizado", ¿porque nuestras cifras se desvían tanto de las del resto de países? La razón parece simple: la subida del paro, y el deterioro general de la economía española, no responde únicamente a la crisis financiera internacional, diga lo que diga el presidente. Y, ante el continuo goteo de despidos y expedientes de regulación de empleo (ERE) en las empresas, sorprende que las centrales sindicales mantengan un silencio cómplice como si respondiera a una especie de "pacto de no agresión" con un Gobierno que, primero, empezó por no reconocer la crisis y después se la endosó a los banqueros norteamericanos y a la subida del precio del petróleo y ahora da la sensación de estar poniendo parches con medidas más hacia la galería que hacia la eficacia. La realidad es que los sindicatos se enfrentan a la primera crisis grave del empleo en quince años y deben poner en marcha nuevas estrategias para tiempos adversos. Por el papelón que están haciendo los sindicatos tarde o temprano tendrán que pedir disculpas a los trabajadores que son quienes más sufren en solitario los efectos de la crisis, sin apoyo sindical y padeciendo, también, por cierto, la indiferencia de algunos medios de comunicación más  preocupados por defender la imagen de Zapatero que por exigir de éste unas actuaciones más eficaces y menos efectistas. ¿Recuerda alguien alguna voz del señor Méndez o del ex dirigente Fidalgo discrepando del discurso del señor Zapatero? ¿Recuerdan si se enfrentaron a él cuando todavía negaba la crisis?¿Recuerda alguien alguna protesta de las cúpulas de los sindicatos ante la extendida y aberrante práctica de jubilaciones anticipadas que llevan a término empresas que no están en pérdidas? Habría que preguntarse si hay crisis en el sindicalismo o hay que pensar en otro sindicalismo para tiempos de crisis en los que no se puede ser tan flexible y condescendiente con un gobierno que está continuamente dando palos de ciego. Cabe preguntarse si esta actitud sería la misma si el gobierno fuera de otro color. Creo que el silencio cómplice de los dirigentes de los principales sindicatos ante la peor crisis económica que ha padecido España en los últimos veinte años, roza, por decirlo de manera suave, el escándalo.
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