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Navidades sangrientas

Miércoles, 31 de Diciembre de 2008
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Una vez dije en un artículo que tal vez el llamado "calentamiento global" esté provocando a su vez un calentamiento en las mentes de muchas personas, que dan la sensación de no encontrase en sus cabales. El desequilibrio afecta por igual a dirigentes mundiales, a grandes empresarios, o a simples mortales. Estamos viendo la vuelta a las cavernas de miles de ciudadanos del mundo que se ensañan en sus parejas, que las hacen sufrir y que en muchas ocasiones terminan en su muerte. Como si fueran dueños y señores de ellas. Personas que matan a otras porque no respetan la vida de nadie. Aquí en las islas hemos tenido últimamente sobrados ejemplos. Pulula la violencia y la cobardía, y a veces el espíritu gregario de las manadas salvajes (como en el caso de Iván Robaina) Y si no, en esos criminales que utilizan el terror para  tratar de resolver sus frustraciones, sus odios, sus venganzas, o tal vez su deseo de cambiar "o mejorar el mundo". Este tipo de "redentores" no los necesitamos. O esos empresarios que empujados por su codicia y falta de escrúpulos han acumulado todo el capital que han podido, han sobornado, han defraudado y luego alegan que están arruinados, en quiebra  y recurren al Estado para "que les salve", con el dinero de todos. Estamos viendo como en nombre de una determinada religión, dios, o ideología se siguen cometiendo disparate tras disparate, se siembra la discordia, se siguen pautas incluso anticristianas, en naciones que se consideran cristianas. ¿No fue el Jesús cuyo nacimiento celebramos hoy, después de 2000 y pico años, quien predicó aquello de amar al prójimo, de perdonar a los enemigos, de no levantar falso testimonio ni mentir, de no hacer a otros lo que no queremos que nos hagan a nosotros, de tener caridad, incluso aún con los que  están equivocados o actúan contra los convencionalismos sociales, o las normas de cualquier creencia? Jesús fue un revolucionario en su tiempo. Predicaba cosas que no eran normales. Deambulaba entre el pueblo, entre gente humilde, entre gente de mal vivir y rameras. El no juzgaba, trataba de comprender, perdonaba. Se enfrentó a la jerarquía religiosa, con  los que pretendían estar al lado de Dios, ser perfectos y poseedores de la verdad, cuando en realidad eran unos hipócritas. El no amenazaba de muerte ni quemaba a la gente para que entraran en el redil, ni excluía a los homosexuales, ni a nadie. Todos tenían cabida en su Reino. Un revolucionario al que había que eliminar. Por eso lo mataron. Luego empezó a crecer una religión que se llamó cristiana  y quien cumplía sus mandatos tendría asegurada la verdad y la otra vida. Pero ¿qué es la verdad?. La verdad está en nosotros mismos y no la vemos. Forma parte de esa chispa divina que todos tenemos. En nuestro interior, en nuestra mente, en nuestras palabras, en nuestros pensamientos y en nuestras obras tenemos la respuesta. La llamada iglesia cristiana, a la que parece que el Espíritu Santo abandonó,  se desvió de los auténticos principios que enseñó aquel Jesús del que ahora celebramos su nacimiento, con tanto jolgorio y dispendio, mientras otros seres humanos mueren de hambre, de dolor, de miseria y por brutales guerras y genocidios.. Y se llenó de soberbia y boato, y ambicionó el poder temporal, más que el espiritual, sin respetar la libertad y el libre albedrío. Hubo corrupción y malos ejemplos y pretendió el dominio de las decisiones de las naciones y de las mentes y llegó incluso a matar o a bendecir las matanzas a quienes no creían lo que ella enseñaba. Todo en nombre de Dios. Se convirtió en fundamentalista y se dividió en cientos de sectas y herejías. Hoy el mundo no es mejor que hace dos mil años. Hay otro imperio que se cree con el derecho de intimidar, de imponer, de invadir, a masacrar y, detrás, de él sus sumisos vasallos que aprueban sus métodos, Y existen otras naciones para ocupar la hegemonía mundial, en caso de que caiga el Imperio vigente.  Futuros imperios emergentes como China, Rusia, India..., que no van a hacer mejores a los Estados Unidos de Norteamérica, porque muchos de ellos parten ya de una realidad, como es la falta de respeto a los Derechos Humanos. Y dentro de todo este barullo en el que se ha convertido nuestro hábitat en el espacio, vemos una Navidad teñida de sangre. Vemos como el Gobierno de Israel, que tanto ha aireado su Holocausto, (que todos hemos lamentado) se aprovecha de él para cometer el mismo pecado. Está realizando desde 1948 un auténtico genocidio contra el pueblo palestino, ante la indiferencia de eso que llaman Naciones Unidas, con el respaldo de Estados Unidos, y otras muchas complicidades. Hay que estar en Palestina para conocer el sufrimiento al que han sometido a los árabes de Cisjordania y de Gaza (musulmanes, cristianos)  Claro que también entre los árabes, existen unos auténticos fanáticos y suicidas kamikazes que sabiendo que Israel utiliza siempre la Ley del Talión, se dedican a lanzar cohetitos contra ese país, que son respondidos por el ejército israelí de forma contundente y desproporcionada (es uno de los más potentes ejércitos del mundo) causando la muerte de cientos de inocentes, y destruyendo la ya precaria infraestructura de Gaza e introduciéndolos cada vez más en la miseria. Matar mujeres, niños, ancianos, personas desarmadas le llaman los soldados israelíes  "daños colaterales". Mientras existe ese sufrimiento y esa situación en los territorios palestinos, nosotros aquí pasándolo bomba. Pero no nos olvidamos de otros lugares del planeta azotados también por guerras, enfermedades, hambrunas, muertes... Un panorama desolador. Muertes en Irak. Muertes en el Congo. Muertes en Afganistán. Yo me pregunto, ¿qué hace el ejército español en Afganistán, si allí no existe ningún tipo de solución, mientras pervivan los señores de la guerra, los clanes, los fanatismos, el cultivo del opio, al tráfico de armas? ¿Para qué el gobierno español se mete en esos berenjenales, arrastrados por la OTAN, y, por supuesto, por los Estados Unidos?
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