La plaza de Colón, en Madrid, reunía estos días a miles de personas convocadas por la iglesia oficial para defender a la familia, dicen, de no sé quién y para seguir oponiéndose a las leyes aprobadas por la mayoría del Parlamento y que muchos millones de personas han visto como un paso hacia delante.
Mientras, en los pequeños templos de todo el mundo, en las casas de infinidad de familias y en muchos rincones de cada país, millones de seguidores del profeta Jesús de Nazaret volvían sus miradas hacia Belén, hacia un pesebre, hacia los que siguen padeciendo persecución, hambre, injusticias, marginación, desprecio, la muerte en muchos casos. Entre otras cosas, siguiendo el camino trazado hace siglos por el Maestro.
Dos miradas bien distintas. Unos, manteniendo su poder sobre las conciencias, sus privilegios como jerarquía, sus riquezas como institución, sus ropajes como distinción frente al común de las personas, su lenguaje cuasi dogmático frente a la supuesta ignorancia de los "fieles", pretendiendo subyugar las conciencias casi siempre al servicio de la derecha más recalcitrante. Otros, poniendo sus vidas y sus pertenencias al servicio de los más marginados de la sociedad, poniendo su voz y su palabra al servicio de los que no pueden usarla, luchando porque sean las personas lo primero y los bienes para el servicio de la comunidad, haciendo que, como decía el cantautor, "el corazón no se pase de moda" y que amar al otro como a uno mismo no sea sólo un deseo de los utópicos.
Mientras la jerarquía católica española reúne a sus "fieles" para ratificarse en sus propias verdades, los habitantes de Gaza mueren a decenas bajo los misiles de Israel, la población indefensa muere en Irak, millones de niños y niñas mueren de hambre y de ignorancia en el planeta, padres y madres de familia se quedan sin trabajo y sin futuro económico. En definitiva, aquellos para los que el Maestro (se supone que también el suyo) anunció la libertad, la paz y la justicia, siguen siendo explotados y humillados.
¿A quién anuncian? No precisamente al que la tradición dice que nació pobre en Belén, vivió pobre en Nazaret, anunció valientemente la libertad para los oprimidos y murió perseguido en la Cruz.








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