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La lúgubre historia se repite

Sábado, 06 de Diciembre de 2008
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No hace mucho si no recuerdo mal, después de que Isaias Carrasco fuera vilmente tiroteado y sucumbiera ante la mirada de su mujer y su hija  me preguntaba quien iba  a ser el siguiente, quién iba a sentarse sin invitación a la mesa de la ruleta rusa para acabar como lo hacen todos los que participan en este juego salvaje. Por desgracia, esta vez le tocó a Ignacio Uria, reciente objetivo macabro de esta banda asesina, cobarde y violenta, que actúa a su antojo y que elude a la justicia, incapaz ésta de exterminar a esta lacra de malas actuaciones que se pasea altiva e irónica por nuestras mismas narices. ETA, con sus ofismos, todavía cautiva a una minoría inconsciente y endémica, activistas reales y mentales que dan lamentablemente la espalda a la razón, la libertad y los derechos humanos. Es insufrible vivir aterrorizado zafado en la oscuridad del pavor y la desesperación y quedarse con los brazos cruzados porque no hay un orden, un rigor y una determinación que por definitiva fuera capaz de acabar con esta situación. Los instrumentos del derecho, los discursos vacuos y las buenas voluntades que le siguen a todos estos gestos asesinos son francamente cuando menos inanes, un alarde compasivo, plañidero, y cargado de condolencias manifiestas, que  ya no suenan bien, que no convencen mas, que nadie cree, y comparte. Me cuesta horrores entender con que frivolidad se manejan asuntos que afectan a la integridad, a la razón, al derecho, y a la libertad. Quiero personalmente desterrar cualquier sentimiento a favor de ésta realidad. No voy a dejarme convencer, las personas han de respetar y ser respetadas, han de crecer en armonía, sin miedos, han de ser capaces de crecer con sus ideas, sentimientos, convicciones, en el lugar que quieran, entre los seres que ellos mismos elijan, y con la libertad que todos merecemos. Lo contrario no es de ley, no es justo, no se debe permitir, y tiene que de un modo o de otro ser erradicado, porque si no nos queda esta esperanza, dificilmente nos desarrollaremos en paz, y la convivencia se cultivará bajo la desconfianza, la incertidumbre,  la debilidad y el desamparo de quien no ha aprendido todavía a utilizar el arma del valor, para poder defenderse de tales desalmados. Y ante esta lucha, me gustaría saber que arma utilizar para como ciudadano defenderme, ¿la del diálogo?, ¿la del asentimiento?, ¿la de los famosos instrumentos del derecho?, ¿la del cambio de leyes para echar a los indeseables de los ayuntamientos después de engrosar una interminable lista negra de asesinados? Sea cual fuere, me imagino y bajo una profunda solidaridad a todos nos apetece una reacción activa, eficaz, y definitiva, y el medio que se utilice, sea mejor o peor, mas democrático o menos, en la línea del diálogo o de la acción, mas o menos agresivo, en tan urgente y  necesaria tarea, ya tendremos tiempo de discutirlo. Pero si el desenlace final fuera sinónimo de esterminio a buen seguro que muchos ciudadanos volverían a ver la luz saldrían por fin a la calle con tranquilidad, pasearían a sus hijos por los parques, y los funerales serían de un orden mucho mas natural. Miguel Escudero, Maspalomas
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