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La ciudad mas franquista de España

Sábado, 06 de Diciembre de 2008
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A nadie se le ocurre a estas alturas llenar las plazas, calles, jardines, ciudades, villas y pueblos de la República Federal de Alemania de estatuas de Hitler, de placas y cualquier otro símbolo que recuerde al nefasto individuo, o a sus voluntarios colaboradores, que provocó la más sangrienta masacre de la historia, genocidios, crímenes contra la humanidad, proliferación de campos de concentración y exterminio y el holocausto del pueblo judíos y de otras etnias de Europa y del mundo. No lo consentirían los propios alemanes, que después de las guerras que provocó Hitler y de que tuvieron conocimiento de sus atrocidades, se han mostrado avergonzados e incluso han pedido perdón, en su mayoría, por lo que se hizo en esa época del dictador. Sin embargo, en estas pintorescas islas del Atlántico, tenemos una ciudad y algún que otro pueblo, donde se recuerda al dictador Franco y a personas de su entorno, con calles, ramblas, estatuas, etc. Me refiero, claro está, a Santa Cruz de Tenerife, donde además de la llamada Rambla del Generalísimo, existe un monumento donde se recuerda "su gesta", y nada menos que un centenar calles dedicadas a sus ideólogos, generales, generalitos, etc. de esa nefasta época de la triste historia de España. Ahora que se pone  énfasis en el desarrollo de la Memoria Histórica, se exige al ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife que elimine toda esa parafernalia franquista, por las buenas, o se recurrirá a los tribunales porque, por ley, se ha ordenado la desaparición de los símbolos franquistas. Las nuevas generaciones quizás no sepan, en su mayoría, que tal personaje fue Francisco Franco Bahamonde, que usurpó el poder legalmente establecido y se convirtió en dueño de los cuerpos y almas de los españoles durante casi cuatro décadas. Estableció un régimen de terror y permitió los desmanes de fuerzas paramilitares que arrebataban la vida a quienes no siguieran las consignas del dictador. Que instaló unos tribunales, auténticas pantomimas,  que juzgaban a presos y enemigos sin garantías jurídicas, enviándolos a campos de concentración o, simplemente, fusilándolos. El "salvador" de la patria, que era un obseso, cometió y consintió un verdadero genocidio, del que fueron víctimas los republicanos, los comunistas, los socialistas, los sindicalistas, los demócratas y los que no aceptaban los llamados Principios Fundamentales del Movimiento Nacional. Ellos tenían derecho a llamarse  "nacionales" y españoles. Los demás no. Es cierto que muchos incontrolados, fanáticos y anarquistas que vivieron en tiempos de la República, cometieron también desmanes y que miles de españoles fueron asesinados, tanto religiosos como simples civiles, o adversarios políticos. Fue culpa de los políticos de la República que no supieron poner orden. Pero eso no justifica las salvajadas que vinieron después. Franco fue un dictador que causó el causante del atraso de España en materia innovadora, en investigación, en la asimilación de un sistema democrático que permitiera las libertades y un estado de derecho. Se hizo un lavado de cerebro ideológico con un adoctrinamiento feroz. Un señor que ideológicamente castró a generaciones de españoles, lastre que hoy en día está siendo incluso un obstáculo para que tengamos una auténtica democracia. Existen muchos fallos y lagunas. No funciona como en cualquier país democrático de Europa el sistema judicial, como se constata día a día,  y parece que se hace a propósito para que no funciones ni gocemos de las garantías que nos da, o nos debe dar, un estado de derecho y una democracia. Y encima se le coloca obstáculos a  quienes tienen todo el derecho a recuperar los restos de sus familiares tan vilmente asesinados. Por supuesto que hubo gente que se vio beneficiada por Franco, por el Caudillo, como le llamaban sus admiradores. Eso ocurre siempre que se instala un dictador, llámese Franco, Trujillo, Pinochet, Hitler. Gran parte de la aristocracia, gran parte de la derecha española, gran parte de la iglesia católica (el nacionalcatolicismo le hizo mucho daño a la Iglesia como institución, afectando a su credibilidad) se adaptó a la dictadura y a quien suprimió todo atisbo de respeto a los derechos humanos. Muchos ciudadanos vivieron bien y se beneficiaron del régimen franquista. Pero existían irregularidades, corrupción, torturas y abusos. Bastantes robaron y se enriquecieron, pero podían hacerlo impunemente si exteriormente eran "adictos al régimen" y estaban bajo el amparo de Franco y sus secuaces. Que no pretendan hacernos creer que la corrupción es una invento de la actual democracia y de los actuales políticos. Pero claro, no había ni un periódico ni ningún otro medio de comunicación que se atreviera a publicarlo, o que hiciera críticas a lo que ocurría, (como puede hacerse hoy) porque todo estaba censurado y controlado. Parece olvidarse que miles de españoles tuvieron que exiliarse de España a causa de sus ideas políticas contrarias a Franco. Dijeron que no había paro en este país. No es cierto. Existía tanto paro y miseria que más de tres millones de españoles tuvieron que marcharse para trabajar en numerosos países de Europa o de América. Así que don José Rodríguez, tan proclive a ensalzar las virtudes tinerfeñas, y a menospreciar e insultar a Gran Canaria (porque será Grande le guste o no a este individuo) debería exigir desde su panfleto, que encima tiene la suerte que lo lean tantos tinerfeños, que se elimine esa exaltación que muchos de sus paisanos (y determinados políticos) hacen del dictador Francisco Franco. Todo eso de las Raices, de la Rambla del General Franco, y mantenimiento de toda la parafernalia del régimen, la verdad es que les hace bastante sospechosos, pero no de democracia y libertad, precisamente. Escribo en el Día de la Constitución, de la Carta Magna, y reconozco que es importante que la tengamos, pero también reconozco que debe reformarse y hacer que se cumpla. Si la analizamos meticulosamente, observaremos que en su mayor parte se ha convertido en una mera propuesta de "buenas intenciones". Pero nada más.
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