¡Qué suerte haber llegado... ! cuando muchos han quedado en el camino.
¡Qué suerte ser abuelos! vivir rodeados de niños, rejuvenece.
¡Qué suerte! tener tiempo que perder... sin límites ni horarios ¡estamos jubilados!
¡Qué suerte! reobrar el valor de la amistad y recordar con los amigos tiempos felices de la infancia y adolescencia.
¡Qué suerte! Continuar adquiriendo conocimientos a los que antaño no pudimos acceder.
¡Qué suerte! Porque hacemos nuevas amistades y damos nuevo giro a nuestra vida, realizando proyectos e ilusiones antes no logrados.
¡Qué suerte pasar de qué dirán...
Pasamos de opiniones críticas y comentarios de la gente en general, y solamente aceptamos las de aquellos que sabemos que nos aman.
Aunque es bien cierto que en invierno sentimos la edad de nuestros huesos, tenemos un sinfín de remedios que la atemperan y no nos detiene.
En definitiva, viviremos plenamente, si no nos aislamos, si nos integramos en grupos activos y olvidamos la tele, sus culebrones y cotilleos.
Es evidente, que nosotros somos un ejemplo vivo de tanta suerte, y yo creo firmemente en estos principios, aunque es posible que me pase de optimista, pero creo que hay que "echarle" vida a los años y no "ponerle" años a la vida.
Charo Batista Valdivielso







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