Está en el sprint final. Los negros suelen ser buenos corredores y, generalmente, cuando se disponen a perseguir un objetivo, no les arredran los obstáculos. A los afroamericanos que descienden de la mano de obra barata y esclava que los terratenientes llevaron al Nuevo Mundo, enviados por traficantes blancos, árabes y los jefes de los propios clanes tribales africanos, les hubiese gustado más que Barack Obama fuera uno de "los suyos", y no un medio blanco y medio negro, con padre nacido en la Africa moderna, sin pasar por la esclavitud.
Quizás para que el "natural resentimiento" que padece la mayoría africana, le hubiese servido de acicate, tanto para conceder privilegios a los de su raza como para aumentar su autoestima y mejores condiciones de vida, pues ya bastante discriminación y malos tratos han sufrido a lo largo de su estancia en un continente al que llegaron no por voluntad propia, y donde no tuvieron una gran acogidas, precisamente, aunque sirvió para enriquecer a los hacendados y dueños de plantaciones sureñas.
Pero Obama es lo que tienen. Es un intelectual, profesor de Derecho Constitucional, escritor y se crió con su familia blanca. Ha escrito dos exitosas obras, "Los sueños de mi padre", y "La audacia de la esperanza. Cómo restaurar el sueño americano". El escritor y comentarista Lluis Bassssets asegura que Obama "combina una oratoria emotiva y cálida con una personalidad fría y tranquila".
En Estados Unidos ha predominado en el liderazgo político lo anglosajón y protestante. Pero en un país donde se teje el topicazo del "sueño americano" y se elaboró una Constitución igualitaria, donde tienen cabida y oportunidades todos los seres humanos, sin distinción, no se han cumplidos algunos de sus objetivos que conviertan en realidad los postulados de la Carta Magna americana. Obama aún cree en el "sueño americano". Por eso está ahí y por eso escribió un libro relacionado con este tema.
La llegada a la presidencia de un católico convulsionó a la sociedad "anglosajóna y protestante", y terminó con un sangriento rosario de la aurora, producto tal vez de una conspiración entre empresarial, purista y sectaria, más propia del Ku-klux-klan, ese disparatado aborto surgido en Pulaski en 1865 que con el tiempo se convirtió en un movimiento puritano, anticatólico, antisemita, xenófobo y nacionalista. Probablemente nunca se sabrá el nombre y los apellidos de quienes maquinaron la conjura que acabó con Kennedy, el primer presidente católico.
En un país tan violento como Estados Unidos los obstáculos se eliminan con violencia. Tampoco han podido alcanzar el máximo poder ni las mujeres, ni los negros, ni los judíos, y más crudo lo tienen los hispanos y los aborígenes, auténtico propietarios de la tierra americana (y hablo de norte a sur) Es cierto que muchos de ellos han estado rozando el entramado del poder. Pero sólo eso. Probablemente si el contrincante de Obama en el partido demócrata no hubiese sido una mujer sino un hombre blanco, el actual candidato demócrata no sería él en estos momentos. Los prejuicios pesan mucho en Estados Unidos.
Yo no creo que la presunta conjura para asesinar a Obama y a un grupo de personas de raza negra sea la obra aislada de "neonazis", sino el empeño de "auténticos y puros" norteamericanos que defienden la supremacía blanca en ese país. Esa es la esencia de la América profunda, la que cree que Estados Unidos debe seguir siendo la nación que dirija el mundo, pese a quien pese.
Sucede al mismo tiempo que estos grupos con pretensiones hegemónicas y de pura raza son cada vez menos, porque en el país ha amentado la población de otras ideologías, de otras tendencias, de otras religiones, de otras razas que no están dispuestas a que nadie los avasalle. No olvidan que las leyes segregacionistas estuvieron vigentes hasta los años 60 del pasado siglo. Tampoco olvidan que el candidato MacCain es descendiente de un terrateniente que llegó a tener 150 esclavos en su hacienda. La propia genética del aspirante republicano le da una visión distinta sobre la forma de gobernar el país más poderoso del mundo y sus objetivos.
Obama puede ser el hombre que rompa las barreras y los prejuicios existentes en Estados Unidos. Su capacidad para escuchar a la gente, sus ideas moderadas y centristas son buenos ingredientes y un excelente bagaje para gobernar. Pero ¿cambiará de parecer si se convierte en presidente y se ve sometido a las presiones de los poderes fácticos del Imperio? Desde luego, Obama no es un adoquín como s lo ha sido Bush, uno de los peores presidentes de los Estados Unidos. Por eso pido que Dios salve a Obama.










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