¿Crisis? Pues sí. Hay crisis económica, aparte de otras crisis como la de valores, las de identidad, las de autoestima y todas las que ustedes quieran añadir. Pero la que más preocupa ahora mismo a la gente y a los políticos es la económica. Pagar las hipotecas, llegar a fin de mes sin apuros, el no poder continuar con la calidad de vida a la que se estaba acostumbrado, la impotencia para acometer obras e infraestructuras públicas por falta de financiación, o el no ejercitar el compulsivo consumismo que nos embarga, son cuestiones que le quitan el sueño a más de uno.
Pero ¿hay en realidad propósito de recortar gastos superfluos, o no tan supérfluos, de aquellos que están al frente de las administraciones públicas y tienen cargos de responsabilidad?. Existen gastos que me temo que no se van a reducir porque el chocolate del loro, o disparar con pólvora ajena siguen siendo hábitos crónicos de nuestros políticos. ¿Creen que se acabarán esas cenas, almuerzos, regalitos, etc. que se van a producir en las consejerías, en los cabildos o en los ayuntamientos cuando llega la Navidad, y a la que por cierto, suelen acudir numerosos periodistas como si fuera una obligación complacer a los señoritos y señoritas de la política y congraciarse con ellos?
¿Por qué nuestros políticos tienen que viajar en coches de alta gama y no en utilitario, como la mayoría de los mortales? ¿O por qué no cogen de vez en cuando una guagua para que vean lo mal que anda el servicio, la mayoría de las veces, y lo que se sufre?¿Por qué cuando salen al exterior (generalmente a viajes innecesarios) tienen que alojarse en hoteles de cinco estrellas o de cuatro, cuando pueden hacerlo en uno de tres? ¿Para qué se preparan comisiones parlamentarias para tratar un tema si luego no se soluciona nada y en ocasiones las complican más?.¿Para qué esos estudios sobre la viabilidad de un proyecto o una obra si se gastan un dineral, que parece exagerado, y no se decide nada, o no se justifica el capital gastado?. Por ejemplo, el relacionado con el proyecto de la montaña de Tindaya. ¿No hay nadie que se responsabilice de esos dos mil millones de pesetas que se gastaron, sólo en ese estudio?
Austeridad. Esa es la palabra clave. En los gastos suntuarios, en la propaganda y exaltación de la propia imagen, en los viajes innecesarios, en las dietas que cobran determinados políticos por no hacer nada, en los sueldos que cobran algunos, quizás demasiado, mientras a su alrededor proliferan los sueldos de miseria y la explotación, o el empleo precario. Que no nos digan que tenemos que apretarnos el cinturón, si luego ellos no dan ejemplo.
Pero claro, si todo eso ocurriera, es posible que los deseos que tienen algunos de aventurarse en la política se reducirían porque perderían el chollo del que disfrutan ahora. Buenos sueldos, coches oficiales, escasa ética, poca responsabilidad, nulo esfuerzo mental y vivir sin preocupaciones de empleo durante una o varias legislaturas (algunos toda la vida) No me digan que están en política por su pueblo, por su ciudad, por su región. Ojalá fuera así en el 80 o 90 por ciento de los políticos. Ante esas personas que respiran honradez por todos lados, que son capaces de sacrificarse por el bienestar de los demás, yo me descubro. Es detestable la acción de quienes llegan a la política sin ideales, sin convicciones que defender, y sólo para obtener un medio de subsistencia, o enriquecerse descaradamente, vulnerando las más elementales normas de la decencia.. O para defender los intereses de los más poderosos, de unos pocos, Es detestable también la mediocridad de determinados individuos introducidos en las instituciones y administraciones públicas sin reunir las cualidades necesarias para gobernar y gestionar. Esos lugares deberían ser una especie de crisol del cual surgieran personas serias, responsables de altas miras y patriotas. La democracia no es para que nos gobiernen los más zafios, ineptos o corruptos, sino los más selectos y destacados.










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