El año es una noria. En cada tramo del recorrido se repiten las mismas historias. Terminó el periodo estival y mucho nos tememos que se avecinan nuevas denuncias en el ocio nocturno y en determinados puntos conflictivos de Playa del Inglés. Al no disponer de una ocupación del cien por cien da la sensación de que los problemas se acrecientan y los pocos turistas que tenemos se deben proteger con mayor contundencia. La molestias empiezan a ser las mismas de siempre: ruidos nocturnos, venta ambulante de excursiones, pulseras y flores; la suciedad que originan los botellones y los destrozos que vienen después de las últimas copas; el menudeo de drogas en la vía pública, la prostitución, la estampida de tiqueteros, y los robos y hurtos. Como de costumbre, los turistas encabezan el ránking de perjudicados. Una situación que podría mejorarse si los que infringen las normas tuvieran mayor conciencia, las autoridades municipales no fueran tan tolerantes, y sobre todo, de una vez por todas la unidad empresarial fuese una realidad







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