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Un insulto a toda Canarias

Sábado, 20 de Septiembre de 2008
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No creo que a estas alturas coja a nadie por sorpresa, que los medios de comunicación de capital privado muestran, con independencia de sus informaciones de interés general, en concreto en sus editoriales, la expresión del pensamiento y línea de discurso de quienes conforman su plantel directivo o accionarial. Creo que en un Estado de derecho no podría ser de otra manera y que la libertad de expresión y opinión son afortunados garantes de que esa pluralidad pueda existir. Lo contrario sería creer que la información puede regularse por decreto o que la libre interpretación debería quedar encorsetada. Por esa razón el que un periódico o cualquier otro medio decida establecer una determinada línea discursiva, debe resultar normal y asumible, como lógico que de su resultado puedan salir afinidades, filias y fobias, que haberlos haylos en todos lados. La cuestión a debate estaría más centrada en si con dinero de todos los ciudadanos/as se pueden alimentar estados de opinión concretos o si me apuran si desde los poderes públicos se debe mantener un silencio connivente con determinado tipos de manifestaciones que van contra el conjunto de los ciudadanos. Si derecho tienen los medios a pronunciarse como entiendan oportuno, también tienen el deber de salir al paso quienes detentan la representación democrática de toda una sociedad, si una parte importante de ésta es insultada gravemente. Si responsabilidad jurídica tiene un director de medio de comunicación de lo que haga público su empresa, responsabilidad moral y política tiene un cargo público de pedir explicaciones o tomar decisiones inequívocas si, como es el caso, lo publicado puede afectar a la normal convivencia entre ciudadanos. Siempre he manifestado mi firme convencimiento de que el límite a los derechos fundamentales de cada ciudadano está en la no trasgresión y quebranto de los de otro. Siempre ha sido mi preocupación que el sano y libre ejercicio de la libertad de expresión y opinión, no sea convertido en una grotesca caricatura y abuso descarnado  lo que tanto costó a miles de demócratas conquistar. De ahí que me una a quienes demandan del gobierno de todos los canarios, que se pronuncie con claridad y firmeza en contra de los términos insultantes que se vierten contra los grancanarios y Gran Canaria en un periódico de Santa Cruz de Tenerife. Y lo hago, no sólo porque como cargo público entienda que es deprimente que con dinero de todos los canarios se pueda estar contribuyendo indirectamente a mantener esta situación de enfrentamiento; lo hago porque, como nacionalista canario, no quiero callar ante la actitud de alguien que, preciándose de tal, mira para otro lado mientras otros asestan una puñalada tras otra al deseo de avanzar unido que tiene este pueblo. Tengo clara cual es mi patria, la que me marca el corazón, como tengo claro que aquí tenemos que entendernos todos y que todos cabemos en el proyecto común que significa el marco de convivencia que representa un sistema democrático. Pero dicho esto, también digo que nunca se podrá construir un proyecto de futuro para Canarias con este tipo de comportamientos pleitistas, que no son patriotas esos que callan o miran hacia otro lado, como tampoco los que ahora alardean tanto de una sobrevenida condición soberanista en la que de verdad no creen ni confiesan. ¿Qué se puede esperar de quienes desde el poco rigor, indocumentada palabrería y afán de discordia, quieren eliminar el nombre de una isla o confundir hasta la toponimia de un enclave milenario como Telde y el gentilicio de sus gentes? Muchos son los problemas y retos que tiene por delante esta comunidad nuestra, para que alguien desvié con insultos y despropósitos la necesaria unión que todos los canarios deben articular para su mejor solución. Que sepan aquellos que dudan, aquellos que sólo se limitan a observar, que nada en política es casual, que no es nueva la idea de que quien divide lo hace porque así cree que puede vencer. Los canarios queremos sumar, multiplicar, porque sólo así, siendo siete, seremos una lo suficientemente poderosa para avanzar. Que cada cual saque sus propias conclusiones. Aureliano Francisco Santiago Castellano Presidente de Nueva Canarias-Nueva Gran Canaria en Telde
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