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CRISTOBAL D. PEÑATE

La ley del fonil

CRISTOBAL D. PEÑATE Viernes, 30 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura:

Un político llega a su mayor bajeza moral cuando utiliza los muertos de manera electoralista y partidista. Los muertos de un accidente, de un atentado terrorista o de una catástrofe natural no son de nadie y menos de los partidos políticos. Tratar de aprovechar una tragedia como esta para lograr votos viscerales es miserable.
En España tenemos una tradición macabra y censurable de la derecha ultra y su relación con los muertos. Cada vez que había un atentado terrorista con víctimas mortales el PP lo aprovechaba desde la oposición para tratar de quebrar al gobierno. En cambio, cuando estaban en el gobierno no utilizaban ni manoseaban miserablemente a los difuntos.
  Otro ejemplo claro es la Dana de Valencia que produjo 233 muertos hace dos años. El PP no solo no pidió ninguna dimisión sino que Carlos Mazón tardó más de un año en irse. Los gerifaltes del PP pidieron pocas horas después de la catástrofe ferroviaria la dimisión del ministro de Transportes. Son las dos varas de medir de siempre.
  Nunca se vio a ningún dirigente del PP pedir la dimisión de Mazón por los 233 fallecidos por la dana o de Ayuso por la muerte de 7.291 ancianos en las residencias madrileñas durante la pandemia o de Moreno Bonilla por los fallos del cribado de cáncer de mama en Andalucía o a Mañueco por los incendios forestales más graves de la historia en Castilla y León. Es la ley del embudo, fonil en Canarias. 
 Hay que recordar que en la época más cruel de ETA los actuales dirigentes de Vox pertenecían al PP. Ni qué decir tiene que los dirigentes de la oposición ya han aprovechado las muertes en el accidente de decenas de compatriotas en las vías ferroviarias para pedir la dimisión o cese del ministro, al que consideran el principal culpable.
  Como si el ministro se dedicara a dar instrucciones a los controladores ferroviarios o a los maquinistas con la misma facilidad con la que escribe tweets a destajo. Otra cosa es la responsabilidad política, algo que por cierto el principal partido de la oposición ha obviado en los casos que han afectado a sus propios barones.
  A casi todo el mundo le ha parecido fatal y censurable que se señale a un trabajador como culpable principal del trágico accidente. A mí también me lo parece. Sin embargo no es baladí que se culpe al ministro de esa acusación. El ministro se limitó a contar, en la primera rueda de prensa pocas horas después del accidente, todos los datos que le habían proporcionado sus técnicos y colaboradores sobre la catástrofe.
  Cuando la Guardia Civil señaló antes que el ministro al trabajador ferroviario que dio las órdenes a los maquinistas de los trenes siniestrados, ningún patriota de hojalata de la oposición acusó al Benemérito Cuerpo de nada ni pidió la dimisión de sus agentes que intentaron interrogar al controlador siguiendo la vía de investigación de una juez, aunque el acusado se ha negado dentro de su derecho a no declarar.
  Un mismo hecho es, según la oposición, algo gravísimo si lo hace el ministro más odiado por la derecha, casi al mismo nivel de Pedro Sánchez, y a la vez una banalidad, algo insustancial, si los protagonistas visten con uniforme verde. Cada uno cumple con su obligación. Si Oscar puente no hubiese informado del error del trabajador los mismos que ahora tratan de lincharlo lo habrían tildado de manipulador y sensor por haberles ocultado un dato tan esencial para entender la tragedia. Eso no significa que el trabajador sea el único culpable (o el único inocente) de la catástrofe, ni mucho menos. Las responsabilidades pueden ser múltiples y compartidas. Unas no excluyen necesariamente a otras.
  Cuando ocurrió el accidente ferroviario de Angrois en 2013, en el que murieron 80 personas y 144 resultaron heridas, M. Rajoy era el presidente del Gobierno de España y Alberto Núñez Feijóo el presidente de la Xunta de Galicia. Tanto el uno como el otro justificaron la catástrofe como un error humano.
  De hecho solo fue condenado el maquinista. El mismo Feijóo que ahora exculpa al trabajador, apuntó justo lo contrario hace 13 años cuando gobernaba el PP. Feijóo habló de error humano y votó cuatro veces en contra de la creación de una comisión de investigación del accidente del tren de Angrois en el Parlamento de Galicia.
 Es el mismo Feijóo que hoy proclama que hay que conocer absolutamente todo del accidente de Urda. La ley del fonil. Para pedir dimisiones de otros hay que tener primero fuerza moral y en este caso se carece de ella. 
 Entiendo que la derecha y la ultraderecha no soporten a Óscar Puente porque está continuamente poniéndolos firmes y jamás se arredra cuando contesta a la oposición en X, en el Congreso y sobre todo en el Senado, donde el PP tiene por ahora mayoría absoluta y quiere además renovarla en un pacto que ha firmado con Vox. 
 Vox es el único partido que no suspendió los actos de precampaña electoral por el grave accidente de trenes. Este es el partido que dice que defiende a los españoles "muy españoles y mucho españoles" (en palabras de M. Rajoy) pero que luego no es capaz ni de respetar un minuto de silencio por la memoria de los muertos en este trágico accidente ferroviario.
 Menudos patriotas de hojalata que no respetan ni la memoria de sus propios compatriotas. Son buitres carroñeros picando votos a través de una tragedia humana. 
  La oposición ya ha condenado al ministro antes de que se conozcan las causas exactas y rigurosas del accidente. Los dirigentes del PP Tellado y Muñoz y el de Vox Santiago Abascal ya se han adelantado a pedir la dimisión o el cese de Puente. Es algo habitual en la política necrófaga. 
El líder de la oposición, que ahora está en modo presidente virtual de España, no pidió la dimisión del ministro tras el accidente porque Feijóo quiere mantener las formas entre sus votantes más moderados para ganar de calle las próximas elecciones. Ahora está en modo gentleman exquisito que quiere dar una imagen institucional seria e incluso fúnebre, aunque si rascas un poco se le ve el plumero. 
  A los políticos hay que exigirles buena gestión en los buenos y en los malos momentos. Por ejemplo, el ex presidente de la Generalitat Valenciana Carlos Mazón gestionó fatalmente la crisis de la Dana en la que murieron ahogadas 233 personas. Por eso se le pedía la dimisión ya que prefirió alargar una sobremesa con una periodista en un reservado de restaurante mientras sus paisanos perecían bajo la gota fría que inundó sus calles y sus casas.
 La oposición en Valencia pidió la dimisión de Mazón por su infame comportamiento pero su partido, el mismo que pide la dimisión de Puente, lo mantuvo indecentemente un año a pesar de las protestas y cabreo general en la Comunidad Valenciana.
 Otro ejemplo es la horrible gestión que hizo el gobierno de Aznar tras los atentados del 11M: el presidente y su ministro del Interior mintieron reiteradamente a los españoles para hacer creer que el atentado que causó 192 muertos y 1.856 heridos era obra de ETA cuando ya se sabía que había sido un comando yihadista. Hubo amenazas a España después de que Aznar apoyará a George Bush en la guerra de Irak. Esta fue su perdición y por eso, entre otras cosas, perdieron las elecciones de 2004, a pesar de que las encuestas les daban como ganadores.
  La oposición ahora aprieta a Sánchez porque cree que el accidente ferroviario le quitará votos al gobierno en beneficio de PP y Vox. Es así de triste: desgracia tras desgracia, miseria tras miseria. El acuerdo de estos dos partidos que presentarán listas conjuntas al Senado ha posibilitado que en Canarias la ultraderecha ponga en sus papeletas a dos candidatos que no viven en las islas.
  Es una tomadura de pelo no solo de Vox sino también del PP, que se lo permite y facilita en esas papeletas. Esta falta de respeto a Canarias debería ser más que suficiente razón para no votar a la derecha que se une a la ultraderecha para seguir controlando el Senado.
  Lo que hacen estos dos partidos en realidad con Canarias es ningunearla al no presentar candidatos que vivan en el archipiélago sino en la península. En política se cae muy bajo cuando se utiliza a los muertos de un accidente para ganar votos. También cuando se colocan en las listas a candidatos paracaidistas. 
  Presentar listas de Canarias a la supuesta cámara territorial con candidatos cuneros que no viven aquí es insultante, irrespetuoso, surrealista y vomitivo. Propio de godos jediondos, acertado termino que usaba con frecuencia el recordado Manolo Vieira. Aunque en este caso no sea para reír sino para llorar.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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