A las tres de la madrugada volverán a ser las dos. El horario de invierno nos devuelve 60 minutos de vida, aunque nadie ha explicado si podemos gastarlos en dormir, o en olvidar que mañana es lunes.
La operación tiene sus ventajas, quien se acueste tarde podrá repetir una hora de fiesta y quien se acueste pronto tendrá una hora extra de sueño. Los que padecen insomnio, en cambio, disfrutarán de 60 minutos adicionales para mirar el techo y repasar sus errores desde 1998.
Los relojes conectados harán el cambio por su cuenta. El microondas, ese fósil tecnológico que sigue adelantado desde el último apagón, necesitará ayuda humana.
La medida también traerá tardes más cortas, noches más largas y la sensación de que son las seis y ya toca ponerse el pijama. Todo por nuestro supuesto bienestar y por un ahorro energético cuyo resultado cuesta más de explicar que la factura de la luz.
Así que esta noche, a dormir sin remordimientos, tendremos una hora más. Eso sí, no la malgasten. Es la única hora del año que nos devuelven sin intereses.












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