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Planes de pensiones y Seguridad Social

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Viernes, 23 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura:

Es de sobra conocido que los aparatos de propaganda de los partidos políticos se dedican a la agitpro sin importarles mucho si lo que propalan es cierto o no. Como dicen los expertos en aprendizaje que escribir y leer lo escrito ayuda a aclarar las ideas separando la paja del trigo, lo que son datos de lo que son consignas. Por eso voy a intentar explicarme en líneas generales, como si estuviera viendo un programa de Barrio Sésamo, cómo funciona económicamente el Instituto Nacional de la Seguridad Social, el INSS. Y ya puestos a hacer pedagogía, también para consumo de los amigos siniestros y adictos consumidores de la agitpro del Dr. Sánchez.

 

El INSS financia y gestiona algunas cosas más que las pensiones por jubilación. Por ejemplo, el Ingreso Mínimo Vital (IMV), los Subsidios por Desempleo (lo que la gente llama “trabajar” en el Paro), el Complemento de Ayuda a la Infancia (CAPI), el Subsidio para Mayores de 52 años (el puente hacia la jubilación), ayudas y subvenciones a los inmigrantes regulares e ilegales, las prestaciones no contributivas, la incapacidad laboral transitoria, etc. Hay muchas más, pero con estas, por su importancia presupuestaria global, basta por ahora.

 

Por razones puramente de política gubernamental, (léase maquillaje estadístico), el IMSERSO, a pesar de ser una Entidad Gestora de la Seguridad Social, está adscrito al Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, sus déficit no se suman al de la SS pero le corresponde la gestión de las pensiones de invalidez y jubilación en sus modalidades no contributivas, así como la de los servicios complementarios de las prestaciones del Sistema de la Seguridad Social y la propuesta, gestión y seguimiento de planes de servicios sociales de ámbito estatal en las áreas de personas mayores y para gentes en situación de dependencia.

 

La Seguridad Social en España se creó formalmente en 1900 con la Ley de Accidentes de Trabajo, consolidándose posteriormente con la creación del Instituto Nacional de Previsión en 1908 y la Ley de Bases de 1963. Por lo tanto, no fue creada ni por Franco ni por los socialistas. Dejando a un lado por ahora, las distintas formas de gestionarla, su financiación se basaba en obtener los ingresos necesarios con las cotizaciones pagadas por los trabajadores y las empresas, para poder “repartir” entre los que por ley tuvieran derecho a recibir las prestaciones de acuerdo con la fórmula acordada en cada momento. El sistema estaba diseñado para que cada mes, los pensionistas y otros beneficiarios, cobraran del dinero recaudado. No se garantizaba la cuantía que se recibiría en el futuro, tan sólo garantizaban que tendrían una pensión. Por eso dicen todos los políticos sin mentir que las pensiones están “garantizadas”, lo que no cuentan, porque sería imposible hacerlo sin mentir, es la cuantía de la pensión. Y esta es la trampa semántica que les permite hacer agitpro para víctimas de la LOGSE y desinformados, asustando a los jubilados.

 

Por algunas décadas el sistema permitió pagar las prestaciones con las cotizaciones recaudadas, pero eso ha ido cambiando con el paso del tiempo, entre otras cosas por la demografía, por menores ingresos debido al aumento relativo y estructural del desempleo (el registrado y el que no lo está), y por cargar al sistema con gastos que no le son propios. Ahora el sistema es tan deficitario, en términos de ingresos por cotizaciones frente a gastos de todo tipo, que es necesario inyectar en su tesorería dinero procedente de más impuestos y, como ahora se hace, de deuda pública (que pagarán los futuros pensionistas y los trabajadores de mañana).

 

Cuando aún gobernaba José María Aznar en España, se creó el Fondo de Reserva de la Seguridad Social (coloquialmente llamado “hucha de las pensiones”), que es un fondo soberano de inversión ideado en el Pacto de Toledo, (1995), con el objetivo de intentar garantizar la solvencia del sistema público de Seguridad Social cara al futuro.

 

Durante algunos años esa “hucha” pudo ser dotada con los excedentes del sistema, es decir cuando había más ingresos que gastos y por eso se podía realizar ese “ahorro”. Con el paso del tiempo, los gastos fueron creciendo mucho más que los ingresos, por lo que en un determinado momento los gastos superaron a los ingresos, pero había que seguir pagando las pensiones y las prestaciones que no pudieran aplazarse dejándolas como meras promesas electorales, esas que Tierno Galván decía que por ser tan sólo promesas electorales, no había que cumplir.

 

Por eso, tal como explicarían Epi y Blas en Barrio Sésamo, la tesorería de la SS sólo tenía dos opciones sin verse obligado a replantear todo el modelo en sí mismo: o pedía al Gobierno que se endeudara con una nueva emisión de deuda pública para poder pagar las prestaciones devengadas, o lo hacía con cargo a esa “hucha”. Esto último es lo que haría una familia normal cuando ha gastado más que los ingresos que tiene: tirar de sus ahorros, mientras pudiera, antes que ir a un banco para pedir un préstamo.

 

Es en este escenario en el que en España se empieza a hablar popularmente, ya lo hacían desde décadas atrás los gurús económicos de los partidos, de planes de pensiones, de sistemas mixtos de pensiones públicas y de planes privados de pensiones, así como de otras fórmulas que ya funcionan por el mundo, como por ejemplo la “mochila austriaca”.

 

Y sobre todo de transitar desde un modelo de reparto (como el actual y sobre el que un futuro pensionista no tiene posibilidad de intervenir), a un modelo de capitalización en el que cada persona se autoconstruye un plan de jubilación mejor o peor, según sus posibilidades económicas. O de un modelo mixto, público-privado, como planteó Figaredo en el Parlamento, no en uno de esos twitts que tanto ven ahora los consumidores de titulares o “twittulares” con eslóganes sectarios y populistas.

 

Por lo tanto, el que cada cual quiera contratar un plan de pensiones, sea público o mayormente privado, no es una cuestión de derechas o izquierdas, sino de la confianza que cada cual tiene de la capacidad del sistema para proporcionarle en su momento una “pensión digna”. Es una elección individual y libre, no es una opción política y el que lo contrata no pone en duda que en el futuro reciba una pensión, de lo que realmente duda, no sin motivo, es de la cuantía.

 

En este sentido aún recuerdo ver y oír en las televisiones a dirigentes socialistas de antaño decir que ellos, por libre iniciativa, tenían planes de pensiones. Pero es que en el colmo del sarcasmo, se llegaron a conformar planes de pensiones privados para cargos y cargas públicas... por entonces los “cargues” no estaban muy de moda ni era un “merito” para el social-comunismo.

 

Y a la vista de todo lo anterior, que por ser historia, además de público y notorio, en cualquier país que no esté transitando hacia el liberticidio bolivariano o caribeño, es inaceptable que todo un presidente del Gobierno grite desaforado en sus mítines que “Él y sólo Él, está dotando la hucha de las pensiones que Rajoy vació”. No se trata de defender a unos frente a las mentiras del otro, sino de explicar a la gente la situación real del sistema de la Seguridad Social y no confundir deseos políticos propagandísticos con las realidades objetivas contables. En resumen, hoy nadie discute que en el futuro se seguirán cobrando las pensiones, lo que está en discusión es la cuantía de la pensión y las reglas para cobrarla.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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