Maspalomas Ahora estrena "Acento canario", una nueva sección conducida por Andrés Odeh que nace para conocer mejor a diferentes protagonistas, descubrir sus experiencias y acercarnos a realidades desde una perspectiva personal.
Nuestro primer capítulo de la sección “Acento canario” nos trae a uno de los más veteranos y reconocidos representantes de la literatura que se hace en Canarias. Mucho antes de que se pusiera de moda la ambientación de historias en nuestras islas, ya él resolvía crímenes cometidos por personajes de ficción que pululaban por las calles de esta tierra. Enamorado de la docencia y la escritura, tenemos el placer de inaugurar esta sección con el escritor José Luis Correa Santana.
Nacido en el barrio de San José de la capital grancanaria, tuvo clara su vocación desde pequeño:
“Aunque en mi casa no hubiera un ambiente que se considerara como intelectual, sí se leía bastante, y a mí me llamaron las letras muy pronto”.
Como tantos estudiantes de su época, se fue a estudiar a La Laguna, y nunca dudó de que la docencia y la escritura iban a ser su ocupación: “siempre supe que lo mío era eso, enseñar y escribir, y comencé como algo natural a esbozar los primeros textos, principalmente cuentos”. Comenzó posteriormente a dar clases en el Instituto Tomás Morales y desde 1994 es profesor de Didáctica de la Lengua y Literatura en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
Pertenece a la llamada Generación 21, “una idea de Ánghel Morales, escritor y editor, quien pensó en reunir y ayudar a dar visibilidad a un grupo de escritores canarios que emergíamos en ese momento”.
Tras conseguir diferentes premios con sus primeros relatos cortos, como el Julio Cortázar o el Campus, en el año 2000 logra el premio Benito Pérez Armas, en 2001 el Ciudad de Telde y en 2002 el Vargas Llosa de Murcia. Con más de veinticinco títulos publicados, fue con “Quince días de noviembre”(2003), cuando apareció por primera vez su detective Ricardo Blanco, alter ego del autor que dio lugar a una saga donde lleva ya dieciséis novelas como protagonista: “en ese momento llegó a mí la editorial Alba, lo que supuso la consecución de un sueño. Dejé desde entonces de participar en concursos y el hecho de contar con el respaldo de una editorial importante, que hace un trabajo serio y además me trata de maravilla, me dio la seguridad y la confianza que necesitaba”.
Cultiva como pocos el género de novela negra, y no puede evitar recordar al que fue colega y amigo, Alexis Ravelo: “a pesar de lo que algunos han llegado a expresar, yo nunca vi en Alexis a un competidor; al contrario, creo que me hacía mejor escritor, porque él era un gran escritor y una gran persona. El verdadero competidor de un autor es el mal escritor”.
Piensa continuar escribiendo historias que protagonice su detective Ricardo Blanco. “A pesar de lo que se pueda creer, que tu personaje envejezca contigo requiere un profundo trabajo en la construcción del mismo. No es tan fácil como creer que se está explotando una fórmula sin más”.
Nada elitista a la hora de escoger sus lecturas, le gusta leer a una variedad de autores o autoras con la condición de que le hagan disfrutar del tiempo que les dedica. Eso sí, “si a las veinte o treinta páginas no me entra, lo dejo. No critico ninguna obra ni digo que sea mala, simplemente es que a lo mejor no era el momento, no la entiendo o no es para mí”. Tampoco tiene inconveniente en reconocer que ha adoptado ideas de otros escritores, como Andrea Camilleri, creador del inspector Salvo Montalbano. Leyó en una entrevista que el autor italiano tenía la costumbre de comenzar su jornada afeitándose, visitiéndose con elegancia y sentándose a escribir con una constancia y disciplina férreas. “Tenía por norma escribir las novelas con diez capítulos de dieciocho páginas. A mí me pareció una gran idea y comencé a adoptarlo en algunas de las mías. ¿Que si copio?: bueno, yo leo, tengo mis influencias y, de algún modo, todos copiamos a veces aunque sea sin darnos cuenta”.
Respeta todos los estilos y géneros, aunque considera que algunos autores y autoras actuales dirigen sus creaciones a públicos determinados. Lo que no comparte es que se considere la aparición de determinadas obras como las descubridoras de un lenguaje local. “El acento canario ya estaba en las historias de muchos escritores de esta tierra desde hace muchos años”.
Por último, no podíamos dejar de mencionar el papel de la Inteligencia Artificial y su influencia en la literatura. “A mí no me interesa la IA porque me encanta escribir y disfruto haciéndolo. Preferiría poderla utilizar para que me hiciera las tareas domésticas o fuera al gimnasio por mí”.
Así terminamos esta interesante charla con uno de los más representativos escritores que ha dado nuestra tierra. Una persona cercana, afable y elegante dentro y fuera de sus páginas. Un ejemplo de valor del acento canario.











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