Se anunció para este lunes la asamblea de Primero Canarias, de la que daremos cuenta si aparece algo verdaderamente relevante. De momento, las mismas caras, alguna incorporación y ese entusiasmo preelectoral que consigue rejuvenecer hasta los armarios.
Entre los protagonistas, Samuel Henríquez, que debería empezar a aclarar algunas cosas. Por ejemplo, si va a dedicar la política municipal a los problemas de su pueblo o a otros intereses; hasta dónde llega su sintonía con el vicepresidente del Cabildo, y, sobre todo, si Primero Canarias está para enfrentarse a Coalición Canaria o para acabar resultándole útil.
Porque a algunos compañeros de viaje ese acercamiento quizá no les salga demasiado rentable. A Samuel puede que sí. El Cabildo siempre queda allí arriba.
Y hablando del Cabildo, la semana pasada Concepción Narváez dejó una escena bastante curiosa durante otra penosa sesión plenaria. Según relató la portavoz socialista, Samuel recurría a Carlos Álamo, consejero insular de Turismo, cuando necesitaba entradas para partidos de fútbol o determinados eventos, pero no mostró la misma disposición para atenderle cuando Álamo trató de hablar con él sobre una moción que debía buscar el apoyo unánime a Ceuta.
Qué cosas. Para unas llamadas hay cobertura y para otras parece que se cae la red.
Pero lo verdaderamente extraordinario es contemplar a dos partidos de la oposición dedicados a hacerse oposición entre ellos. Primero Canarias, que en Tunte continúa vistiendo todavía la camiseta de Nueva Canarias, encuentra tiempo para cargar contra el PSOE, también en la oposición, y contra el PP, mientras con Coalición Canaria la fiscalización parece bastante más llevadera.
Y aquí surge una pregunta bastante elemental: si uno cobra un sueldo público desde la oposición, ¿no debería emplear una parte considerable del tiempo en controlar al Gobierno? Porque para controlar a quienes tampoco gobiernan no hacía falta montar tanto aparato.
De aquel nefasto cuatripartito infantil ya conocemos el resultado. Cambian las siglas, las camisetas y hasta las amistades, pero hay cosas que permanecen. Entre ellas, desgraciadamente, un nivel político en San Bartolomé de Tirajana que cada día resulta más vergonzoso.

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