Playa del Inglés lleva años hablando de renovación, modernización, reposicionamiento y destino turístico de primer nivel. Palabras no han faltado. Lo que parece resistirse a tanta modernidad es la Plaza de Maspalomas.
El histórico centro comercial continúa ahí, junto a una de las zonas más transitadas por turistas, recordándonos que una cosa es la fotografía que enseñamos en las ferias internacionales y otra la que descubre el visitante cuando decide salir del hotel y caminar.
Plaza fue precintado en 2020 por deficiencias eléctricas y de seguridad contra incendios. Tres años después pudo reabrir parcialmente.
Y aquí seguimos
No hace falta adornarlo con historias de derrumbes ni anunciar catástrofes que ningún informe técnico haya certificado. Basta mirar alrededor.
Porque el verdadero problema de Plaza no es que mañana vaya a caerse. Es que lleva demasiados años sin levantarse.
Mientras Canarias vende modernidad, sostenibilidad y excelencia turística, algunos rincones de Playa del Inglés parecen haber decidido conservarse como patrimonio histórico. Pero sin restauración.
Quizá algún día llegue la gran renovación. Hasta entonces, el turista puede disfrutar de dos destinos por el precio de uno, el que aparece en los folletos y el que encuentra cuando sale a pasear.
Nostalgia
Hubo un tiempo en que la Plaza Maspalomas formaba parte del corazón nocturno de Playa del Inglés. Sus discotecas, bares y locales atraían a turistas y residentes, generaban empleo y compartían protagonismo con la Kasbah y el Metro en una zona que durante los años ochenta y noventa fue una referencia del ocio del sur de Gran Canaria.
Aquello fue perdiendo actividad, cerrando locales y envejeciendo sin una renovación capaz de seguir el ritmo del destino. El resultado está hoy a la vista. Persianas bajadas, instalaciones obsoletas, sucesivos problemas de seguridad y un centro que llegó a permanecer tres años precintado antes de su reapertura parcial.
De aquel escaparate turístico hemos pasado a un espacio que parece detenido en el tiempo, peligrosamente cerca de convertirse en el símbolo perfecto de todo lo que Playa del Inglés dejó envejecer mientras hablaba de renovación

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