Con 22 años y recién terminada una doble titulación en Ingeniería y Administración y Dirección de Empresas, Oliver, un joven de Mogán, se ha propuesto recorrer buena parte del mundo durante 100 días con un presupuesto máximo de 6.000 euros. Su objetivo pasa por visitar alrededor de 30 destinos, repartidos entre 17 países y seis continentes, mientras documenta el viaje a través sus redes sociales.
La idea, según indica en una entrevista a Maspalomas Ahora, surgió al terminar la universidad. En ese momento, en su afán por viajar, empezó valorando destinos concretos, como Nueva York o Punta Cana. Sin embargo, al comparar vuelos descubrió que enlazar países y continentes podía resultar mucho más económico de lo que imaginaba. “Fui encadenando destinos hasta que me pregunté: ¿y por qué no doy la vuelta al mundo?”, explica.
No obstante, el proyecto no nació de forma improvisada. Durante dos años estudió rutas, conexiones y precios para reducir al máximo los gastos. Los primeros 50 días están prácticamente cerrados, mientras que la segunda mitad del recorrido dependerá del dinero disponible y de las oportunidades que aparezcan.
El presupuesto, señala, condiciona cada decisión. Por ello, lleva un Excel en el que registra todos los gastos y, en sus vídeos, muestra cuánto dinero tiene al comenzar y terminar cada jornada. El ahorro se concentra principalmente en comida y alojamiento para reservar una mayor parte de los recursos a las experiencias.
Esa estrategia le ha llevado a dormir, junto con su acompañante Paolo, varias noches en aeropuertos, recurrir a casas de conocidos y aprovechar las salas VIP durante las escalas, así como a descartar diversas actividades y destinos.
El transporte también exige equilibrio entre tiempo y dinero y, aunque los trayectos terrestres pueden ser más económicos, las grandes distancias obligan con frecuencia a utilizar el avión para cumplir el itinerario de 100 días.
A la dificultad logística se suma el trabajo de documentar el viaje. Ambos planifican la ruta, buscan alojamiento, graban, editan y publican vídeos prácticamente cada día y, en algunos momentos, el descanso se reduce a pocas horas, convirtiendo esta parte del proyecto en uno de sus mayores desafíos.
Pese a ello, asegura que la experiencia está teniendo un impacto personal mayor que las propias actividades y destaca especialmente las personas que ha conocido durante el trayecto y la ayuda que ha recibido de desconocidos. “Me estoy dando cuenta de la cantidad de gente buena que hay y de que muchas veces lo único que hace falta para descubrirlo es atreverse a empezar una conversación”, señala.
Viajar con recursos limitados también le ha obligado a desenvolverse en situaciones nuevas, pedir ayuda y salir constantemente de su zona de confort. “Probablemente nunca se den todas las condiciones que te gustaría. Hace falta prepararse y esforzarse mucho, pero también atreverse a empezar con lo que tienes”, afirma.
Más allá de completar la vuelta al mundo, el joven quiere que el proyecto sirva para animar a otras personas a intentar aquello que llevan tiempo posponiendo. No necesariamente un viaje. “Si vernos intentarlo anima a alguien a dar ese primer paso hacia algo que lleva tiempo queriendo hacer, para mí el viaje ya habrá conseguido algo muy importante”, concluye.











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