La crisis de Ceuta a la luz del Evangelio
PEDRO RODRÍGUEZ
Sábado, 01 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:
La crisis de Ceuta no puede contemplarse solo desde la óptica de la política o de la seguridad. Es legítimo que un Estado proteja sus fronteras y combata a las mafias que trafican con seres humanos. También es justo exigir responsabilidades a quienes utilizan la inmigración como instrumento de presión entre países. Pero, al mismo tiempo, no podemos olvidar que detrás de cada embarcación, de cada salto a la valla y de cada rostro agotado hay una persona con una dignidad que nadie puede arrebatarle.
Las lecturas de este domingo iluminan esta realidad con una profundidad sorprendente. El profeta Isaías lanza una invitación que atraviesa los siglos: «Todos los sedientos, venid por agua; también los que no tenéis dinero, venid, comprad y comed». Dios comienza mirando la necesidad del ser humano antes que su condición social o su procedencia. Es una llamada a construir una sociedad donde nadie sea condenado al hambre, a la desesperación o a la falta de esperanza.
El salmo responde con una hermosa confesión de fe: «Abres tú la mano, Señor, y nos sacias». Dios es el primero que abre su mano. La pregunta es si nosotros, como personas y como naciones, somos capaces de abrir también la nuestra con prudencia, justicia y solidaridad.
San Pablo, en la carta a los Romanos, recuerda que nada podrá separarnos del amor de Cristo. Ni la angustia, ni la persecución, ni el hambre. Ese amor es el que debe inspirar nuestras decisiones personales y también nuestras políticas públicas, para que la firmeza nunca se convierta en dureza, ni la compasión en ingenuidad.
Y el Evangelio ofrece la clave definitiva. Ante una multitud hambrienta, los discípulos solo ven un problema; Jesús ve personas. No ignora la realidad ni actúa de forma irresponsable, pero transforma unos pocos panes y peces en alimento para todos. El milagro de la multiplicación de los panes no es una invitación al desorden, sino un recordatorio de que, cuando ponemos nuestros recursos al servicio del bien común y confiamos en Dios, siempre hay caminos de esperanza.
Ceuta necesita respuestas responsables, cooperación internacional y una política migratoria ordenada y humana. Pero también necesita corazones que no se acostumbren al sufrimiento ajeno. Como cristianos, estamos llamados a defender la verdad, la justicia y la misericordia al mismo tiempo. Solo así podremos abrir nuestras manos, como hace Dios con nosotros, para que nunca falte el pan de la justicia, el alimento de la esperanza y la dignidad que todo ser humano merece.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.














Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.50