El papa León XIV ha reclamado este jueves desde el muelle de Arguineguín un «examen de conciencia» ante el drama migratorio y ha advertido de que «la Iglesia no puede permanecer muda» frente al sufrimiento de miles de personas que arriesgan su vida en las rutas atlánticas hacia Europa.
En el primer acto de su visita a Gran Canaria, el pontífice escuchó los testimonios de migrantes, voluntarios y personal de rescate que trabajan en primera línea de la crisis migratoria. Tras agradecer sus intervenciones, aseguró que llegan a Canarias «vidas heridas, despojadas de todo, pero nunca, nunca de su dignidad».
León XIV dirigió buena parte de su discurso a las instituciones europeas y a la comunidad internacional. «Este drama debe convertirse en examen de conciencia», afirmó, para añadir que Europa «no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas».
El papa también apeló a los países de origen para que generen condiciones de paz, justicia y desarrollo, y a los territorios de tránsito para que protejan a las personas migrantes y eviten que caigan en manos de redes criminales.
Durante su intervención denunció la existencia de «mafias que trafican con la desesperación» y de tratantes que «esclavizan mujeres y niños», además de la indiferencia que permite que muchas personas sean víctimas de la explotación o del olvido.
«Ahí donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas», afirmó.
La jornada comenzó con la bienvenida del obispo de la Diócesis de Canarias, José Mazuelos, quien definió Arguineguín como un lugar donde conviven «dolor y esperanza». Mazuelos recordó que miles de personas llegaron a este puerto «huyendo de la guerra, del hambre y de la desesperación» tras recorrer más de 1.600 kilómetros por mar y señaló que muchos perdieron la vida en una ruta que calificó como la más peligrosa del mundo.
También tomaron la palabra varias personas migrantes, voluntarios y profesionales de rescate. Entre ellos intervino el capitán de Salvamento Marítimo Tito Villarmea, que relató su experiencia al frente de la Guardamar Urania y recordó que ha participado en operaciones que han permitido rescatar a más de 20.000 personas.
«Es una cifra que duele y que no se olvida», afirmó Villarmea, quien describió las noches de rescate en la ruta atlántica y relató el caso de una madre que colocó unos pendientes a su hija fallecida durante la travesía. «Era una niña. Lloró ella y lloré yo, porque soy padre de dos adolescentes», explicó.
Los participantes confiaron en que la visita papal contribuya a evitar que se repitan situaciones como las vividas en 2020, cuando más de 2.300 migrantes permanecieron hacinados durante días en el recinto portuario, un episodio que llevó a bautizar el enclave como «el muelle de la vergüenza».
Antes de abandonar Arguineguín, León XIV realizó una ofrenda floral en memoria de las víctimas de la Ruta Canaria. El pontífice arrojó al mar un ramo de flores como homenaje a quienes perdieron la vida intentando alcanzar las costas del archipiélago.
Durante el acto también recibió una pieza artesanal elaborada por el alfarero Delfín Díaz Almeida con tierra y piedra canaria mediante técnicas tradicionales.
Tras concluir este primer compromiso en Gran Canaria, León XIV se desplazó a la Catedral de Santa Ana, en Las Palmas de Gran Canaria, para continuar con el programa oficial de su visita a Canarias.











Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.95