Última hora desde el siempre apasionante mundo de la gestión pública canaria, donde las matemáticas no fallan… pero a veces la política sí que hace “trucos de magia”.
El Ayuntamiento de Mogán pidió una Junta General extraordinaria del Consorcio de Emergencias para algo tan excéntrico como paralizar una oferta de empleo público y corregir unas bases del proceso selectivo. Nada importante, solo intentar que 12 bomberos interinos no se queden fuera del sistema y que su acceso a la plaza se haga en condiciones de igualdad. Vamos, un capricho administrativo menor, empleo, estabilidad y esas cosas que suelen estorbar en las agendas apretadas.
El objetivo era claro, directo y casi ingenuo, arreglar un proceso que, según sostienen, no garantiza la continuidad de estos trabajadores. Pero claro, en la administración pública la claridad a veces compite en desventaja con el arte contemporáneo de los votos.
Resultado final, 196 apoyos. Necesarios, 307. Y la Junta, como era de esperar, no se convoca. Porque aquí no gana quien tiene razón, sino quien tiene más sumas, o mejor dicho, quien llega al Excel correcto.
Doce municipios dijeron que sí, lo cual en otros contextos podría interpretarse como “hay preocupación”. Pero en este, al parecer, la preocupación no suma suficiente. Misterios de la aritmética institucional.
La alcaldesa Onalia Bueno lamenta la falta de apoyos y los cambios de criterio de última hora, que en política ya no sorprenden a nadie, son casi una tradición, como el café de máquina o las ruedas de prensa sin preguntas incómodas.
Y claro, uno no quiere pensar mal, pero sería injusto insinuar que los municipios que no apoyan esto es porque están demasiado ocupados en una épica batalla estratégica con Mogán digna de documental de naturaleza: “la supervivencia del desacuerdo en su hábitat institucional”.
Mientras tanto, el detalle menor de fondo es que hablamos de 12 bomberos interinos y sus familias, cuya estabilidad laboral parece haber quedado atrapada en un interesante experimento sociológico. Porque, por supuesto, todos sabemos que vivimos en un contexto de abundancia laboral infinita, donde el empleo sobra, los sueldos rebosan y la incertidumbre es solo un concepto teórico que aparece en los libros de economía avanzada.
Así que nada, 307 votos son 307 votos, una cifra tan exacta como implacable. Y mientras tanto, la decisión final se queda en el aire, porque de momento lo único claro es el resultado, no las razones. El resto, por ahora, pertenece a ese fascinante terreno donde las explicaciones brillan por su ausencia y la política confía en que la aritmética haga de portavoz.

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