Del Covid 19 al hantavirus… y a los que vendrán
La crisis del hantavirus ha tensionado a la política y, en mucho menor medida, a la sociedad. Poniendo sobre la mesa la importancia de la coordinación y colaboración institucional a todos los niveles, el valor de la ciencia frente a los bulos y las desinformaciones, así como la relevancia de los valores humanitarios y del imprescindible papel de las organizaciones internacionales en tiempos en que son ninguneadas por el trumpismo y por el conjunto de las extremas derechas. Como demuestra el abandono de la Organización Mundial de la Salud (OMS) por parte de Estados Unidos y Argentina.
Tenemos un ejemplo reciente, la pandemia de la Covid 19, de alcance mundial y de mucha mayor dimensión por el nivel de contagios, por el número de hospitalizados y fallecidos; y, asimismo, por la paralización económica. En el Estado español y en Canarias, desde la co-gobernanza entre administraciones se respondió sanitariamente, con un gran despliegue sanitario, el confinamiento y una vacunación masiva; y en el plano económico sus consecuencias fueron atenuadas por la intervención pública, con la aplicación de los ERTES y otras medidas, económicas y fiscales, de apoyo a las empresas, a los trabajadores y al conjunto de la sociedad.
El primer caso detectado en España fue el de un turista alemán en La Gomera, a final de enero de 2020. Tres semanas más tarde, se produjo un brote en un hotel de Tenerife que obligó al primer confinamiento masivo en el conjunto del Estado: mil personas, entre clientes y trabajadores. Se demostró entonces la capacidad del autogobierno para responder a una contingencia de tanta complejidad. En la pandemia de la Covid -gracias a los niveles de dirección y coordinación de las administraciones públicas, el esfuerzo denodado de los profesionales de la salud y de los docentes, la actuación responsable de la ciudadanía- Canarias tuvo el mejor perfil de la pandemia, con el menor porcentaje de enfermos y de fallecimientos entre las comunidades autónomas.
En el caso que nos ocupa, el del hantavirus, el Gobierno español respondió positivamente a las peticiones realizadas por la OMS, la Unión Europea y de los ejecutivos de los 23 estados con ciudadanos en el crucero MV Hondius. Se trataba, parece que se olvida, de prestar la ayuda adecuada, facilitando su desembarco y traslado a sus países de origen, a unas 150 personas, tripulación y pasajeros, catorce de ellos de otras comunidades autónomas, que se encontraban en un buque en el que se habían dado varios casos de hantavirus y en el que ya se habían producido algunos fallecimientos.
Se intervino con muchos medios, prudencia, determinación y eficiencia. La que se corresponde con nuestros niveles de desarrollo, la calidad y profesionalidad de nuestros sistemas públicos de emergencias y sanitarios, fuerzas de seguridad, el personal de puertos y aeropuertos… algo por lo que tenemos que sentirnos legítimamente orgullosos. Pese al partidismo, la labor obstaculizadora, la búsqueda de la confrontación por la confrontación y los graves errores cometidos por el presidente del Gobierno de Canarias. El balance de la actuación ha resultado globalmente muy positivo.
Da la impresión de que, desde el minuto uno, la intención de Fernando Clavijo y los suyos era tratar de confundir a la ciudadanía. Convirtiendo la razonable solución a un problema de salud y humanitario de alcance internacional en un espacio propicio para la bronca política y el enfrentamiento con el Gobierno español. Reproduciendo lo mismo que hacen PP y Vox, cotidianamente, en el escenario estatal. Buscando obtener réditos electorales con la política de la crispación y del miedo, que tanto daño hace a la democracia y a la convivencia.
Competencias, autogobierno y co-gobernanza
Para ello no dudaron en falsear la realidad. Primero, obviando que, mientras no se cambien las cosas en una reforma del Estatuto, las competencias en materia de puertos de interés general y en sanidad exterior corresponden al Estado. Aunque el Gobierno de España está obligado a la coordinación, la información y la participación de la comunidad autónoma. Y así se hizo, en solo cuatro días, con una veintena de llamadas entre los dos gobiernos, a nivel ministerial e incluso con conversaciones entre los dos presidentes, y una quincena de reuniones de trabajo y técnicas, en el ámbito de la protección civil y en el sanitario. Hubo información y trabajo conjunto. La co-gobernanza es esencial, como ocurrió en el caso del Covid. En este, todo marchó razonablemente bien hasta la noche del sábado.
Ocultar o minimizar la celebración de esas reuniones de trabajo y llamadas con la intención de generar un clima de enfrentamiento constituye una grave irresponsabilidad. Máxime en un momento en que la ciudadanía precisaba de sus gobernantes algo bien distinto: información sin alarmismos, confianza en los protocolos científicos, reconocimiento y valoración de nuestro sistema y profesionales sanitarios y transparencia en las actuaciones a desarrollar. Hacer lo contrario, como ha hecho el Gobierno de Canarias, mina la confianza en la política y en las instituciones y alimenta los populismos que degradan y ponen en peligro la democracia, los derechos cívicos y las libertades.
Capacidad, infraestructura, humanidad
La Organización Mundial de la Salud, como señala su director general, Tedros Adhanom, tenía que elegir, en cumplimiento del Reglamento Sanitario Internacional, un puerto “con capacidad médica suficiente para garantizar la seguridad y la dignidad de quienes están a bordo”. Lo que no cumplía Cabo Verde, a donde se había dirigido inicialmente el buque neerlandés. “Tenerife ha sido elegida porque tiene la capacidad médica, la infraestructura y sé que la humanidad necesaria para ayudarles a llegar a un lugar seguro”, asegura Adhanom, que se trasladó a Canarias para estar presente en todo el operativo. Y que recordó, además, que los virus “no entienden de política ni respetan fronteras. La mejor inmunidad que tenemos es la solidaridad”.
OMS y el organismo de protección civil internacional decidieron que el buque fondeara en el infrautilizado puerto de Granadilla, (por cierto, un monumento al despilfarro de CC), y desde allí, mediante un “plan cuidadoso y detallado”, así lo calificó el director de la OMS, sin que se produjera contacto con la población local, realizar el traslado de los pasajeros al cercano aeropuerto Reina Sofía, para desde allí ser repatriados a sus estados de origen.
Bloquear, retrasar, desacreditar
Antes del fondeo del MV Hondius llegó la sorpresa Todo el proceso de trabajo conjunto entre las distintas administraciones -canaria, estatal y europea, así como la OMS- se quiebra cuando desde el Mecanismo de Protección Civil Internacional se decide prolongar hasta la tarde del lunes, las tareas de desembarque, ante la imposibilidad de completarlas el domingo. Una decisión razonada y lógica que se traslada al Gobierno de Canarias sin que se produzca ningún reparo. Pero, pocas horas después, en la noche del sábado, se utiliza esa ampliación para oponerse a la llegada y fondeo del buque.
Es entonces cuando Clavijo decide no autorizarlo. Un grave intento, afortunadamente fracasado, de bloquear, retrasar o desacreditar una actuación sanitaria y humanitaria en marcha con aval técnico y científico internacional. Una intervención propagandística, mal sustentada en la ampliación del proceso hasta 36 horas por muy justificados motivos; con prácticamente nulas posibilidades de ejecución práctica, pero que volvió a sembrar la cizaña y a intentar generar dudas, inquietud y miedo entre la población. Es la dirección de la Marina Mercante quien finalmente lo autoriza.
Dejemos para el capítulo de las anécdotas conspiranoicas -fáciles de alimentar, pero muy peligrosas para la salud, como ya vimos repetidamente en la pandemia de la Covid 19- la desafortunada referencia a las ratas que podían saltar del barco y llegar a nado al puerto, fundamentada en información extraída de la IA, y puesta como razón añadida para frenar el operativo.
Hay que destacar, y es muy importante, que la respuesta de los profesionales ante esta crisis sanitaria ha sido, como se esperaba, ejemplar. También la de la ciudadanía canaria, pese a los desesperados intentos por soliviantarla mediante el alarmismo y la desinformación. El operativo ha merecido la felicitación al Estado español por parte del secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), António Guterres; de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; del presidente del Consejo Europeo, António Costa; y del Papa León XIV. Así como del director de la OMS, que lo calificó como “el modelo a seguir” ante crisis similares que se produzcan en el futuro. Que se producirán, no les quepa la menor duda.
Frente a esa consideración prácticamente unánime, para el presidente del Gobierno canario fue un día “triste para la democracia y para Canarias”. Asombroso.
Tras lo sucedido estas semanas, lo que habría que desear es que las crisis que afecten a la salud pública, que se repetirán en el futuro, dejen de formar parte del rifirrafe político; y puedan ser abordadas serenamente y sin ruido desde respuestas basadas en el conocimiento científico. Para evitar que los procesos se vean enturbiados por la politiquería, el egoísmo, la falta de humanidad y el ombliguismo de quienes ponen por delante sus estrechos intereses partidarios, incluso en los momentos más críticos. Lo que, lejos de ser una anécdota, se corresponde con el modus operandi que las extremas derechas están imponiendo en todo el mundo, potenciando los bulos, generando desinformación, desprestigiando a la ciencia y a los expertos y, además, buscando la desafección y el descreimiento en la política y en las instituciones democráticas.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.










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