Juan Pablo Escobar Henao, hijo del narcoterrorista colombiano Pablo Escobar Gaviria, ofreció este viernes en Tunte una conferencia sobre el perdón, la reconciliación y el rechazo a la violencia dentro de las V Jornadas del Camino de los Valores, organizadas por la Asociación UP2U con la colaboración del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana.
Ante un Centro Cultural Pancho Guerra lleno, el arquitecto, escritor y conferenciante relató su exilio a los 16 años tras la muerte de su padre, el 2 de diciembre de 1993. Después de recibir negativas de varios países, incluso del Vaticano, logró establecerse en Argentina bajo una nueva identidad: Sebastián Marroquín Santos. “Lo que define nuestra verdadera identidad son nuestras acciones, no lo que dice un documento”, afirmó.
Escobar Henao admitió que su mayor error fue amenazar con vengar la muerte de su padre, una frase que lo convirtió en objetivo de enemigos, policías y otros cárteles. “La peor decisión de mi vida fue responder con violencia”, señaló, antes de advertir del peso de las palabras y de las decisiones.
Durante la charla, repasó la ambición que llevó a Pablo Escobar al crimen y rechazó la idea de éxito asociada al dinero y al poder. “Para mí, el éxito es poder disfrutar de la vida a lo largo del tiempo. Mi papá no disfrutó prácticamente nada”, sostuvo.
También recordó la doble imagen de su progenitor: un padre intermitente y, al mismo tiempo, el jefe de una de las organizaciones criminales más poderosas del siglo pasado.
Del mismo modo, el conferenciante cuestionó la idealización de Escobar como benefactor social. Admitió que sus ayudas a sectores pobres de Medellín le dieron años de impunidad, pero recalcó que no pueden borrar el daño causado para obtener ese dinero. Además, recordó que su padre le advirtió contra la cocaína. “El verdadero valiente es el que no consume, y el verdadero amigo es el que no te invita a consumir”, señaló.
Otro eje de la intervención fue la crítica a la “narcocultura”. Escobar Henao denunció que series, canciones, productos comerciales, rutas turísticas e incluso proyectos culturales han convertido la figura de su padre en mercancía, con una visión que, a su juicio, minimiza a las víctimas y glorifica el crimen.
También narró el atentado del 13 de enero de 1988 contra el Edificio Mónaco, donde vivía su familia, con 700 kilos de dinamita. Aquel ataque intensificó la guerra entre los cárteles de Medellín y Cali y, décadas después, mantiene una amistad con Miguel Rodríguez, hijo de uno de los jefes del cártel rival, con quien comparte conferencias sobre reconciliación.
Escobar Henao explicó que escribió cartas de perdón a familiares de más de 150 víctimas directas de su padre y renunció a usar dinero del narcotráfico como garantía de vida para él, su madre y su hermana. “Mi padre nos mostró el camino que no debemos recorrer”, concluyó.










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