Somos colonia por esto, no por lo de Clavijo
Seguimos contraprogramando frente al discurso de Clavijo, Coalición Canaria y otros seudo nacionalistas e independentistas despistados. Toca responder al teatro político escenificado esta semana con la crisis del famoso barco, en la que el Gobierno de Canarias encabezado por Fernando Clavijo ha intentando disfrazar de “trato colonial” lo que en realidad ha sido una gestión alarmista, torpe y profundamente irresponsable por su parte. Coalición Canaria ha querido presentarse como un gobierno humillado por el Estado, enarbolando repetidas veces el victimismo patético del maltratado en la colonia. Pero no. Canarias no es colonia por esto, aunque también es cierto que cabría haber esperado algo más de coordinación por parte del Gobierno Central.
La realidad es que somos colonia por cosas mucho más profundas, mucho más antiguas y mucho más graves. Para empezar lo somos porque no hemos sido capaces de quitarnos de encima a un partido como Coalición Canaria, con su impostada defensa de Canarias y de su gente, cuando no han sido más que defensores de un status quo de sometimiento a las élites políticas y empresariales españolas y extranjeras, en detrimento del pueblo que sufre. Porque mientras Clavijo monta un espectáculo institucional por un barco, acepta en silencio -o directamente colabora- con décadas de decisiones estructurales que condenan a las islas a la dependencia, la subordinación económica y el saqueo territorial.
Somos colonia porque más allá de Coalición Canaria, también los partidos canarios con sede en Madrid deciden sobre Canarias pensando siempre antes en los intereses de grandes empresas y fondos de inversión, o en equilibrios electorales peninsulares, que en las necesidades reales del pueblo canario.
Somos colonia porque nuestro modelo económico fue diseñado históricamente para servir hacia fuera, no para construir soberanía hacia dentro, y no hay partido o movimiento organizado que luche en Canarias contra eso.
Somos colonia cuando partidos como Coalición Canaria siguen tragando, aceptando o incluso defendiendo simbología franquista, estatuas que conmemoran el golpe y cientos de calles con nombres de generales del mismo bando, olvidando el daño tan grande que el franquismo hizo a esta tierra, cuando aquí no hubo ni siquiera guerra. Por no hablar del vergonzoso y humillante patrocinio de las instituciones de Coalición Canaria a festivales con vínculos con supremacistas de ultraderecha que traen a influencers para reírse del acento canario, como hemos visto este fin de semana.
Somos también colonia cuando Canarias es usada como plataforma económica y turística para beneficio externo, arrastrando décadas de monocultivo turístico que han convertido las islas en un territorio cementado y explotado para generar riqueza que, en su mayor parte, termina fuera, con la colaboración inestimable de Coalición Canaria, mientras la población local sufre salarios bajos, precariedad y una crisis habitacional sin precedentes.
Somos colonia porque Canarias lo importa casi todo y produce cada vez menos, con la participación imprescindible de Coalición Canaria, que lleva décadas de políticas de arrinconamiento del sector primario canario, al tiempo que ha aumentado la dependencia de importaciones. Y hoy Canarias tiene enormes dificultades para garantizar soberanía alimentaria, incluso para lo más básico, dependiendo de barcos y aviones para casi todo.
Somos colonia porque el territorio se ha entregado ya hace tiempo al capital especulativo, otra vez, con la participación fundamental de Coalición Canaria, mientras miles de canarios no pueden acceder a una vivienda, y se ven obligados a marcharse o a malvivir en chabolas infestadas de ratas. De ratas, sí, pero estas reales, no imaginadas como las de Clavijo.
Somos colonia, porque Canarias soporta las cargas de todo lo anterior sin tener capacidad real de decisión, ni en puertos, ni en aeropuertos, ni en política migratoria, ni en aguas territoriales, ni en comercio exterior, ni en control aduanero, ni en legislación estratégica, ni en defensa, ni en política energética, por poner algunos ejemplos, y no hemos sido capaces de organizar un frente común que luche contra esto. Y así, cuando llegan mal dadas, las decisiones las toman desde fuera, pero las sufren los canarios.
Somos colonias porque cuando se trata de políticos peninsulares que roban, resulta que donde más roban es en Canarias -recuerden el caso mascarillas-, porque el medianero de turno que tenemos puesto aquí no se atreve a importunar al colono.
Y somos también colonia porque el REF, ese Régimen Económico y Fiscal que en teoría nació para compensar la lejanía y fragilidad del Archipiélago, lleva tiempo convertido en herramienta destinada a beneficiar desproporcionadamente a grandes empresas, importadores o estructuras empresariales que poco tienen que ver con el bienestar colectivo, con la participación también en este caso imprescindible de Coalición Canaria, mientras seguimos líderes en pobreza, precariedad y desigualdad.
Somos colonia porque seguimos siendo tratados por Madrid como periferia política, casi siempre desde la distancia, la improvisación y el desconocimiento, con una función principal asignada: que no generemos problemas.
Somos colonia -y aquí Coalición Canaria se ha empeñado especialmente-, porque la identidad canaria se ha folklorizado y vaciado de contenido político, permitiendo y publicitando banderas, romerías, santos, vírgenes y folklores, siempre que no cuestionen nada estructural. Y así, la canariedad se convierte únicamente en algo pintoresco para el turista, cuando no en tópicos lingüísticos o de comportamiento pasivo.
Y un último muy importante: somos colonia porque seguimos asumiendo los costes demográficos y territoriales devastadores de nuestro modelo económico sin planificación seria. Hablo del crecimiento poblacional acelerado, de la presión urbanística, de la destrucción de nuestro territorio natural y de la saturación de infraestructuras, que llevan años generando tensiones enormes en vivienda, en movilidad, en recursos naturales y en servicios públicos, y es imposible abrir ningún debate serio en torno a eso, porque al instante te obligan a elegir entre el nacionalismo reaccionario de corte racista o xenófobo, y el wokismo internacionalista ingenuo y políticamente correcto del otro lado.
En conclusión, me alegro de que en Canarias se empiece a hablar ya de manera generalizada de nuestra situación colonial, pero no se dejen confundir: el verdadero debate pasa por preguntarnos por qué Canarias sigue teniendo uno de los peores repartos de riqueza de Europa recibiendo a tantos millones de turistas, o por qué tantos jóvenes canarios no pueden emanciparse, o se tienen que ir, o no nacen, y por qué cada vez dependemos más del exterior, y nuestro territorio se degrada para enriquecer a otros. En fin, ya conocen ustedes la lista. Ese es el colonialismo real. Por eso resulta tan ofensivo para cualquier canario sensato de los que amamos esta tierra -y por eso este artículo-, ver a Clavijo y compañía utilizar una crisis sanitaria mal gestionada para intentar apropiarse de un sentimiento histórico de agravio que sí tiene raíces profundas y legítimas, y para colmo terminar haciendo un ridículo espantoso al que nos arrastra a todos y todas.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.










Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.35