Política útil, no políticos pirómanos
Este fin de semana San Bartolomé de Tirajana volvió a demostrar lo que realmente es, lo que realmente somos.
Un municipio vivo. Un municipio abierto. Un municipio que quiere convivir, celebrar, reivindicar y mirar hacia adelante sin miedo.
Lo vimos en la Romería de El Tablero, donde miles de personas llenaron las calles para honrar nuestras tradiciones, compartir con sus vecinos y vecinas, y mantener viva esa identidad popular que tanto nos representa.
Lo vimos también en Aldea Blanca, con el inicio de sus fiestas en honor a la Virgen de Fátima, donde el pueblo volvió a encontrarse alrededor de sus colectivos, su música, sus mayores, sus jóvenes y sus familias.
Lo vimos en el Aula Fayna Noda, impulsada por el Partido Socialista de San Bartolomé de Tirajana, como espacio para pensar, debatir y construir propuestas sobre los problemas reales de la ciudadanía: la vivienda, las políticas sociales, la juventud, la convivencia y los derechos.
Y lo vimos, también, en el Maspalomas Pride 2026, que volvió a llenar nuestro municipio de diversidad, libertad, respeto y reivindicación. Porque San Bartolomé de Tirajana es también eso: un destino turístico internacional, sí, pero sobre todo una tierra abierta, plural y orgullosa de defender que todas las personas puedan vivir con dignidad y sin miedo. Una tierra de acogida y de paz.
Ese es nuestro municipio. Tradición y modernidad. Fiesta y reivindicación. Turismo y pueblo. Identidad y convivencia.
Por eso resulta tan grave que, mientras la ciudadanía quiere vivir con normalidad, algunos responsables públicos se empeñen en sembrar inquietud.
La alarma generada estos días en torno al crucero afectado por un brote de hantavirus es un ejemplo de lo que no debe hacerse desde la política. Una cosa es exigir información, protocolos, seguridad y garantías sanitarias. Eso es necesario. Eso es responsabilidad pública.
Otra cosa muy distinta es alimentar el miedo. Otra cosa es lanzar mensajes a medias. Otra cosa es utilizar una situación delicada para buscar protagonismo político.
Canarias ya sabe demasiado bien lo que significa vivir con miedo. Nuestra gente no ha olvidado la pandemia. No ha olvidado las mascarillas, los cierres, la incertidumbre económica, la angustia de las familias y la sensación de no saber qué iba a pasar al día siguiente.
Por eso quienes tienen responsabilidades públicas deben medir sus palabras. Deben actuar con rigor. Deben proteger a la ciudadanía, no asustarla. Esta es la esencia del mandato popular del buen gobierno, cuando esta se practica pensando en el interés general y el bien común.
Este fin de semana, en la Romería de El Tablero, un vecino me dijo que estaba preocupado. Que había pedido a su familia que hiciera una compra especial “por si volvían malos tiempos”. Incluso me habló de mascarillas. Esa conversación me dejó pensando.
Porque cuando un vecino vuelve a sentir que debe prepararse para lo peor, algo se ha hecho mal. Y muchas veces ese miedo no nace de los hechos, sino de cómo algunos lo cuentan. De cómo algunos lo manipulan. De cómo algunos convierten, por intereses personales y partidistas, una situación sanitaria que debe gestionarse con seriedad en una oportunidad para hacer ruido.
Eso no es política. Eso es irresponsabilidad. La política útil es otra cosa. La política útil es la que soluciona problemas. La que protege a los ciudadanos. La que informa con claridad. La que pide explicaciones sin generar pánico. La que no se inventa datos ni se apoya en bulos. La que defiende a Canarias sin convertir a Canarias en un territorio asustado.
Necesitamos políticos responsables, no políticos pirómanos. Responsables públicos que apaguen fuegos, no que los provoquen. Que den certezas, no que siembren dudas. Que estén a la altura de la gente, no por encima de ella buscando un titular.
Y también necesitamos medios de comunicación que actúen como medios de comunicación, tanto los públicos como los privados. Que contrasten. Que expliquen. Que contextualicen. Que no sean simples altavoces de quienes pagan, presionan o gritan más fuerte. Que hagan periodismo, no propaganda.
Porque informar no es asustar. Informar no es amplificar medias verdades. Informar no es contribuir a que la ciudadanía viva pendiente del miedo.
Yo hoy podría salir, decir que el turismo va a pagar las consecuencias de no querer asistir a ciudadanos alemanes, franceses, peninsulares… Pero la verdad es que no lo sabremos hasta que pasen unos meses. Debemos ser cautos, responsables y gestionar a partir de datos. No de simples impresiones o intereses. Eso es hacer política responsable.
San Bartolomé de Tirajana ha dado este fin de semana una lección sencilla y poderosa. La gente quiere vivir tranquila. Quiere disfrutar de sus barrios. Quiere celebrar sus fiestas. Quiere defender sus derechos. Quiere compartir con su familia, con sus vecinos, con sus mayores y con sus jóvenes. La gente quiere normalidad. Quiere convivencia. Quiere respeto. Quiere soluciones.
Y eso es lo que la política debe ofrecer. Menos ruido y más rigor. Menos miedo y más responsabilidad. Menos protagonismo y más servicio público. Hoy en día, la política tristemente aparece más en el lado de los problemas que de las soluciones. Lo vemos en la oposición nacional a diario y lo vemos en Canarias también. Porque la ciudadanía no necesita políticos que jueguen con sus temores. Necesita instituciones que la cuiden.
Y en San Bartolomé de Tirajana lo tenemos claro: frente al alarmismo, serenidad; frente a las medias verdades, información rigurosa; frente a los políticos pirómanos, política útil. Lo del de fin de semana con el crucero ha sido inhumano y es un aviso de cómo están las cosas en la política canaria. Desde luego, no nos representa.
Carlos Álamo Cabrera, Secretario General del PSOE de San Bartolomé de Tirajana.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.










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