La noche del 31 no fue una noche cualquiera. No sólo porque fue noche vieja sino porque cada vez se celebra con menos alegría. Será que la cosas no está para tirar voladores, pero es que ni tan siquiera oímos las "pitas" de los coches este año. A quien ni oímos, pero tampoco vimos, fue a los agentes de la Policía Local de San Bartolomé de Tirajana que decidieron comerse las uvas en comisaría y allí permanecieron el resto de la noche.






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