Seis concejales abandonan Nueva Canarias, se recolocan en Primero Canarias y, aun así, siguen ocupando el mismo sitio, con el mismo poder y bajo la misma etiqueta institucional. No es un error. Es una maniobra... que movida chunga! La jugada es simple: cambiar de partido sin pagar el precio político ni jurídico del cambio. Mantener el acta, mantener el grupo y, si se puede, mantener también el relato. Una especie de “transfuguismo sin consecuencias”, versión administrativa. Seguro que nada nuevo para los espectadores de este circo público y gratis.
El problema es que la ley no está diseñada para estos malabarismos. Y cuando la ley no es clara, aparece el terreno perfecto para forzarla. En la pista central el secretario lo dice sin rodeos "deberían ser no adscritos". El Gobierno de Canarias, ahora muy generoso con los priquenses responde: "no necesariamente". Y el alcalde, que no es juez pero actúa como si tuviera que serlo, elige la interpretación que le conviene. Escandalo...es un escandalo...!
La oposición estalla y se pira del pleno” que al final no se decidió ná con un alcalde prepotente y dando paso al siguiente punto del orden del día para salir de la incomoda situación que creó. A la espera está de las denuncias judiciales. Ahora lo viene lo bueno y San Bartolomé expectante.
El Ayuntamiento no está bloqueado por falta de normas. Está bloqueado porque las normas ya no bastan para ordenar lo que está pasando. Cada informe dice una cosa, cada parte interpreta la suya y, en medio, la institución se queda suspendida en una especie de limbo legal, y esa es la base de la mamanza narcisista.

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