Desengaño de las mujeres
Hay quien asegura que no hay nada nuevo bajo el Sol, que sólo cambian las circunstancias y los personajes, pero la esencia de las cosas permanece inmutable ante el paso de los siglos. Cada generación tiende a pensar que vive unos momentos de crisis social, política y económica excepcionales y únicos, casi siempre peores que los que vivieron sus ancestros.
Tal vez sea así, o tal vez no. No es raro oír decir a las personas mayores frases como: “La juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y chismea mientras debería trabajar”. O esta otra: “¿Qué les pasa a nuestros jóvenes? No respetan a sus mayores, desobedecen a sus padres, ignoran las leyes, su moralidad decae”. Pues estas frases, aunque parezcan muy actuales, fueron pronunciadas por Sócrates y Platón en el siglo V a.C., es decir ¡hace unos 25 siglos!
Y también, referido a la política y a los políticos, se lamentó Sócrates de la corrupción que soportaba la democracia ateniense, argumentando que era un régimen basado en el capricho y la ignorancia de la multitud. ¿Era éste el populismo de antaño?
Conviene también recordar que en la España del siglo XVII, durante el reinado de Felipe III, gobernó como valido Francisco de Sandoval y Rojas, conocido como el Duque de Lerma, famoso por su corrupción y por ser el mayor ladrón de España, dada su proverbial capacidad para desviar recursos de las arcas públicas en su propio beneficio, por la especulación inmobiliaria y por la venta de cargos públicos. Para escapar de la acción de la justicia, le compró al Papa Paulo V su nombramiento como cardenal. Por eso se hizo muy popular por Madrid una coplilla que decía: “Para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España, se viste de colorado”.
Y ahora en nuestros días, cuando vemos en los medios de comunicación y en los tribunales todo tipo de juicios por corrupciones, entre las que destacan no tanto por su gravedad, que sin duda la tienen, sino por la zafiedad y desvergüeza de unas aventuras tan pícaras como rufianescas que son protagonizadas por políticos y alegradas con cocaína y prostitutas, pagadas con nuestros impuestos.
Tal es así que posiblemente figure entre las palabras elegidas por la RAE para ser la más popular del año sea la de “prostituta”, aunque pronunciada en la forma menos recatada y más clásica de “puta”. En este sentido, a esta palabra nuestro genial escritor don Francisco de Quevedo y Villegas, que era más malo que la quina pero certero en su crítica social, le dedicó un soneto que tituló “Desengaño de mujeres”, que dice así:
Puto es el hombre que de putas fía,
y puto el que sus gustos apetece;
puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía.
Puto es el gusto, y puta la alegría
que el rato putaril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía.
Mas llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare;
y como puto muera yo quemado
si de otras tales putas me pagare,
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








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