El clan del oso cavernario
Reconozco sin reparos que me gustan mucho las novelas históricas. En este género literario hay tres tipos de obras. Unas son aventuras inventadas, las más de las veces relatos fantásticos que se desarrollan en tiempos pasados más o menos remotos, a veces usando personajes que realmente existieron y otros totalmente inventados.
Un segundo tipo de novelas, las que a mí más me gustan, son obras que fantasean con unos hechos reales ocurridos y con la vida de personas que los protagonizaron, que nos permiten acercarnos al mejor conocimiento de esa etapa de la historia al explorar la psicología y las motivaciones políticas, sociales y hasta religiosas de los personajes que los provocaron.
Además hay un tercer tipo de novelas ambientadas en la historia que mezclan el posible desarrollo de situaciones históricas con personajes totalmente de ficción, pero que bien pudieron protagonizar esos devenires de la historia. Un ejemplo de este tipo de historias son las que narran leyendas y mitos, como por ejemplo las leyendas artúricas o los héroes clásicos romanos, griegos, egipcios o los de Japón y China.
De este último tipo es la saga “Los hijos de la tierra”, cuya primera novela se titula “El clan del oso cavernario”, obra que me gustó muchísimo cuando allá por los años 90 tuve el placer de leerla. Tan interesante me resultó que seguí leyendo con interés creciente el resto de la saga a medida que se iban publicando en España. A los amigos que no la hayan leído, sin el menor reparo, les recomiendo los dos primeros tomos esa saga, titulados “El clan de oso cavernario” y “El valle de los caballos” por estar excelentemente escritos por su autora Jean Marie Auel, que no por casualidad ha vendido más de 45 millones de ejemplares de estos libros hasta el año 2020.
Toda la obra está ambientada en el periodo paleolítico de hace unos 20.000 años, durante la Edad de Hielo. Novela muy bien cómo pudo ser la evolución de la especie humana pasando de los más primitivos neandertales a los recién aparecidos cromañones. La crítica ha llegado a calificar como “un pequeño milagro” el trabajo de Jean Marie Auel para describir detalladamente una sociedad de la Edad de Hielo, incluyendo temas tales como la interacción con el medio ambiente, las relaciones humanas, los ritos mágicos y religiosos, así como la supervivencia del grupo.
Tratando de hacer una breve sinopsis de esta saga, se puede decir que comienza con tu terremoto que se traga bajo tierra a todo un grupo de cromañones. Sólo se salva una niña de cinco años de nombre Ayla, que de repente se encuentra sola en el mundo y comienza a vagar sin rumbo hasta que la deja herida un león cavernario. Pero el terremoto también ha afectado a otros habitantes de la zona, entre ellos al Clan del oso cavernario, formado por hombres de neandertal, que han de abandonar la cueva en la que habitaban, creyéndola maldecida por sus espíritus protectores.
En su camino encuentran a Ayla inconsciente y febril debido a las heridas provocadas por el león cavernario. Iza, la curandera del Clan, la ayuda a sobrevivir, y Creb, el brujo o chamán, ve en la niña la marca de uno de los espíritus tótem más poderosos. Por eso Ayla es adoptada por Creb e Iza, que son hermanos y no tienen hijos, en contra de la opinión de Clan ya que la niña pertenece a quienes ellos llaman “los otros”.
Iza la enseña a ser curandera, pero Ayla no posee la instintiva memoria del clan, por lo que, aunque aprende rápidamente, le resulta muy difícil hacer cosas que no le hubieran enseñado previamente. En ella, como cromañón que es, prevalece la capacidad de aprender de forma razonada, mientras que los neandertales, situados más abajo en los escalones de la evolución humana, actúan por instinto.
Ayla, sin pretenderlo, rompe algunas tradiciones del Clan, lo que le granjea ciertas enemistades peligrosas, que sólo por ser la hija adoptiva de Iza y Greg, la curandera y el brujo o chamán del Clan, la toleran y la respetan. Le permiten cierto grado de libertad para hacer algunas cosas que las mujeres del clan no podían hacer, ya que el rol de las mujeres era limitado y siempre sometidas a la voluntad de los hombres. Ayla, al ser distinta, no acepta las normas establecidas y, por ejemplo, aprende a cazar usando como arma la honda. Por otra parte, ella puede hablar y los miembros del clan sólo se comunican mediante señas y sonidos básicos.
A pesar de las barreras culturales y la hostilidad de algunos miembros del clan, Ayla se gana el cariño y respeto de muchos, gracias a su inteligencia y habilidades de supervivencia. Sin embargo, su destino la lleva a ser expulsada y, sola, empieza un viaje por la Europa de la Era Glacial en busca de los suyos.
En su odisea, Ayla descubre nuevas tecnologías como la creación de fuego con pedernal, hoy podríamos decir que descubrió el mechero y acabó con la necesidad de tener que transportar consigo un recipiente con fuego. También logra domesticar animales, lo que profundiza su conexión con la naturaleza. Conoce a Jondalar, otro cromañón como ella que se convierte en su compañero y juntos exploran el vasto continente, enfrentándose a desafíos naturales y culturales mientras aprenden y comparten conocimientos con diferentes tribus. Su viaje les lleva finalmente al valle de la Dordoña, donde Ayla debe integrarse en la tribu de Jondalar, los Zelandonii.
En 1986 se estrenó una adaptación cinematográfica de esta obra, que tuvo un escaso éxito. Hay que reconocer que la adaptación de una novela con un gran componente intimista que va contando los sentimientos y pensamientos de la protagonista, es muy difícil de llevar al cine. Pero es que además, en este caso, Ayla era vista por el Clan del oso cavernario, que eran neandertales de aspecto simiesco, como una hembra fea, mientras que para un espectador de hoy que estuviera viendo la película la percibiría como una bella mujer.
En resumen, que les recomiendo leer esta primera novela de la saga “Los hijos de la Tierra” llamada “El clan del oso cavernario”. Probablemente les pase como a mí en aquellos ya lejanos años noventa, que al acabarla de leer no puedan resistirse a seguir con los otros tomos.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








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