En Maspalomas, donde el mayor conflicto suele ser decidir entre playa o piscina, ha surgido un debate con más movimiento que una rotonda en hora punta. El histórico Alprende del Amo, rincón emblemático para muchos, podría reconvertirse en un espacio de socialización intensiva para adultos con ganas de conocerse mejor. Y aquí conviene aclararlo, nadie discute a quién vaya dirigido el local ni el derecho de cada cual a disfrutar su ocio. El debate, para sorpresa de nadie, gira más bien en torno al descanso, ese viejo capricho.
Por un lado, los defensores del proyecto sacan pecho con argumentos de peso, empleo, actividad económica y eso tan socorrido de “dar vida a la zona”. Porque, al parecer, la zona estaba en pausa esperando este momento. Para ellos, el Alprende del Amo no solo resucita, sino que lo hace con energía renovada y vocación de gimnasio social nocturno.
En el otro lado, los vecinos, que mantienen una postura menos cardiovascular. Recuerdan que viven en una zona residencial, ese concepto antiguo donde la gente tiene la manía de dormir por la noche. Les inquieta la posible banda sonora de madrugada, el desfile de coches en busca de aparcamiento imposible y ese instante mágico en el que los clientes abandonan el local con ganas de compartir impresiones, a un volumen generoso.
Porque sí, la convivencia no suele complicarse por lo que ocurre dentro, sino por lo que sucede fuera, justo debajo de tu ventana y a horas en las que el despertador empieza a parecer una amenaza real.
Mientras tanto, algunos vecinos han pasado del “a ver qué hacen” al “a ver si está todo en regla”. Surgen preguntas que, curiosamente, no tienen nada de picantes, si el local cuenta con licencia de apertura, cuáles serán los horarios, qué permisos ha concedido el ayuntamiento y si todo encaja dentro de la normativa. Vamos, ese tipo de detalles aburridos que solo importan cuando te afectan directamente.
En medio, como siempre, están los que piden algo casi revolucionario, equilibrio. Ni cruzada moral ni barra libre de ruido. Insonorización, control, planificación y sentido común. Conceptos que no suelen generar titulares, pero sí permiten dormir.
Así que el Alprende del Amo vuelve al centro de la conversación. Antes por su historia, ahora por su futuro. Y Maspalomas observa el asunto con interés, y con la esperanza de que, pase lo que pase, el resultado final incluya empleo, ocio y, si no es mucho pedir, alguna que otra noche de sueño completo.

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