Mientras la mayoría duerme, algo curioso sucede sin hacer ruido: el tiempo decide dar un pequeño salto hacia adelante. A las 2:00, los relojes se pondrán de acuerdo para convertirse en las 3:00, como si alguien hubiera pasado páginas de más en el libro de la noche.
No hay alarma que avise ni aplausos que celebren el momento, pero todos lo notan al día siguiente. El café parece más necesario, las sábanas más acogedoras y el despertador, un poco traicionero.
Los expertos lo llaman “cambio al horario de verano”, pero en la práctica se parece más a un truco de magia doméstico. Una hora desaparece sin dejar rastro. Nadie la ve irse, pero todos la echan de menos.
En los hogares, la escena se repite:
“Dormí menos o es cosa mía?”
“No eres tú… es el reloj, que se ha puesto creativo.”
Sin embargo, no todo son bostezos. A cambio de esa hora “perdida”, los días se estiran, la luz se queda más tiempo y las tardes invitan a salir, pasear o simplemente mirar cómo el sol se resiste a marcharse.
Así que esta madrugada, cuando el tiempo haga su pequeño salto, no te preocupes demasiado. Piensa que es solo una forma elegante que tiene el año de decir:
“Ey, el verano se va acercando.”
Y si el lunes cuesta un poco más… siempre quedará el consuelo de que, al menos por una noche, el tiempo también se desorientó un poco.








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