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Accidente aéreo en Barajas o la rotura del previsible futuro

Sábado, 30 de Agosto de 2008
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Solemos oír de vez en cuando de un accidente aéreo con víctimas, pero lejos de nuestras tierras y parece como que eso no va con nosotros. Ahora nos ha tocado muy de cerca; muchas familias canarias están sufriendo la pérdida de uno o varios seres queridos o de uno o varios amigos o conocidos. Se me han saltado las lágrimas por no confesar que he llorado escuchando las noticias o viéndolas en la televisión. Creo que el dolor nos abruma a todos los canarios y no dejo de pensar que ese accidente lo podríamos haber sufrido cualquiera de nosotros, pues al vivir en una isla, se impone el transporte vía aérea para salir de las mismas e incluso para desplazarnos entre una y otra isla. Quiero manifestar mis condolencias a los amigos y familiares de todas y cada una de las víctimas del accidente aéreo de Barajas. A los sobrevivientes, transmitirles mis deseos de una pronta recuperación Lo que más me ha afectado, sin menospreciar al resto, ha sido la desaparición de familias enteras, los niños y esas parejas de jóvenes que, o bien recién casados o de regreso de sus vacaciones no llegaron nunca vivos a nuestra isla. Es fácil pedir consuelo para sus padres, cónyuge, hermanos, abuelos, tíos, sobrinos, primos, amigos, etc, otra muy distinta es que lo consigan. Vivimos en una isla y nos conocemos casi todos, o conocemos a alguien que conocía a alguna de las víctimas, cuando no nos ha tocado directamente la desgracia de ser familiar directo de una o varias de ellas. Debo confesar que me duele el alma cuando pienso en las víctimas de este trágico accidente. Tengo, la sensación de haber perdido algún familiar querido, aunque gracias a Dios no ha sido así. Creo que todos los canarios tenemos esa misma sensación, y es que, en el fondo, somos toda una gran familia, y eso se pone de manifiesto en estos momentos tan duros. Ya me sucedió cuando el trágico atentado del 11 M, independientemente del dolor experimentado por aquel cobarde atentado que costó 198 inocentes vidas, no se por qué reflexioné particularmente en los hijos que podrían haber tenido las parejas que perdieron a su compañero o compañera, o que perecieron ambos, en aquel accidente, y los hijos de sus hijos, y así sucesivamente, que, en pocas generaciones podrían ser cientos o miles de personas que, por culpa de su traumática desaparición, no llegarán nunca a nacer. Es lo que podríamos denominar la rotura del futuro previsible, de los hijos, nietos, sobrinos, primos, etc. que no verán la luz, que no serán conocidos ni queridos, sencillamente, porque no nacerán. Hubo no ha mucho un poeta andaluz, Rafael de León, que escribió bellos poemas y romances, además muchísimas letras de canciones que se hicieron muy populares, sobre todo de la copla española, que escribió un romance,  el "romance de aquel hijo que no tuve contigo", y, aunque habla de aquel hijo que no tuvo con su pareja por haber roto su relación, podría perfectamente expresar mi reflexión antes expuesta de los hijos no nacidos por culpa del accidente aéreo de Barajas. Esa parte es la que quiero añadir a estas letras de condolencia a los amigos y familiares de las víctimas del vuelo JK5022, del 20 de agosto de 2008, fecha que difícilmente los canarios podremos olvidar. ROMANCE DE AQUEL HIJO QUE NO TUVE CONTIGO (Rafael de León) Hubiera podido ser hermoso como un jacinto con tus ojos y tu boca y tu piel color de trigo, pero con un corazón grande y loco como el mío. Hubiera podido ir, las tardes de los domingos, de mi mano y de la tuya, con su traje de marino, luciendo un ancla en el brazo y en la gorra un nombre antiguo. Hubiera salido a ti en lo dulce y en lo vivo, en lo abierto de la risa y en lo claro del instinto, y a mí... tal vez que saliera en lo triste y en lo lírico, y en esta torpe manera de verlo todo distinto. ¡Ay, qué cuarto con juguetes, amor, hubiera tenido! Tres caballos, dos espadas, un carro verde de pino, un tren con cuatro estaciones, un barco, un pájaro, un nido, y cien soldados de plomo, de plata y oro vestidos. ¡Ay, qué cuarto con juguetes, amor, hubiera tenido! ¿Te acuerdas de aquella tarde, bajo el verde de los pinos, que me dijiste: ¡Qué gloria cuando tengamos un hijo! Y temblaba tu cintura como un palomo cautivo, y nueve lunas de sombra brillaban en tu delirio. Yo te escuchaba, distante, entre mis versos perdido, pero sentí por la espalda correr un escalofrío... Y repetí como un eco: " ¡Cuando tengamos un hijo!..." Tú, entre sueños, ya cantabas nanas de sierra y tomillo, e ibas lavando pañales por las orillas de un río. Yo, arquitecto de ilusiones levantaba un equilibrio una torre de esperanzas con un balcón de suspiros. ¡Ay, qué gloria, amor, qué gloria cuando tengamos un hijo! Manuel Fernández, directivo de Asociación, Federación y Confederación de Asociaciones de Vecinos.
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