Solo una letra
La oposición se ríe del lema ‘No a la guerra’ que ha rescatado Pedro Sánchez 23 años después tras su enfrentamiento con Donald Trump. La derecha española no ha condenado la guerra que Donald Trump ha iniciado contra Irán unilateralmente para apoyar a Benjamín Netanyahu. Con Irán está actuando exactamente igual que con Irak a principios de siglo. El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.
La risa del PP y Vox es una risa nerviosa porque no hay que tener demasiada memoria para acordarse de que un lema idéntico acabó con la continuidad de los conservadores en La Moncloa. Aznar se ha limitado a cambiar una letra (la n por la k) para advertir de las supuestas armas de destrucción masiva de Irán, igual que en 2004 alertó falsamente sobre las de Irak. La guerra y los atentados fueron las consecuencias. Muchos muertos por nada.
A la oposición le parece pueril el lema del ‘no a la guerra’ pero esas cuatro palabras encausaron la inesperada victoria de Zapatero frente a Rajoy en 2004 pocos días después del mayor atentado terrorista sufrido en suelo español. Y en este caso no fue ETA, por mucho que Aznar y Acebes trataran de engañarnos por interés electoral.
De una sola tacada el yihadismo islámico asesinó en un día a una cuarta parte de las víctimas mortales que hasta ese momento había provocado el terrorismo en España en medio siglo. Hace mal la derecha española mofándose del grito mayoritario y desgarrador de sus compatriotas. Según todas las encuestas, dos terceras partes de los españoles (incluidos los de la oposición) están de acuerdo con el lema y lo que significa y la otra tercera parte no es que esté en desacuerdo, simplemente no sabe o no contesta porque tiene la cabeza en otro sitio.
Nadie puede estar a favor de una guerra, excepto los grandes empresarios armamentísticos y dirigentes pirados e indecentes como Donald Trump o Benjamín Netanyahu. Luego están los otros, los ambiguos y equidistantes, que no están a favor de la guerra pero tampoco de la paz. En ese saco están los lamebotas del presidente estadounidense y los patriotas de hojalata, que vienen a ser lo mismo.
Zapatero, autor de la famosa y exitosa definición de patriotas de hojalata, lo resumió el miércoles en una pregunta retórica: ¿qué beneficios para España tuvo la guerra de Irak defendida por Aznar con la puesta en escena del trío de las Azores? Todos sabemos los perjuicios que trajo a los españoles. Y ningún beneficio porque hasta las empresas armamentísticas eran norteamericanas. No se puede ser más tonto.
"Qué valientes son con los inmigrantes y qué sumisos con Donald Trump", añadió gráficamente el único ex presidente de España que ganó las dos elecciones generales a las que se presentó. Alguna autoridad moral tendrá, aunque la derechona quiera convertirlo en carne de cañón venezolano sin ninguna prueba consistente. Solo con especulaciones pretenden destruir el nombre del expresidente de España. La presunción de inocencia es solo para ellos. Calumnia, que algo queda.
La derecha española se burla y carcajea mucho de Pedro Sánchez pero ya lleva siete años en La Moncloa, a pesar de que ningún doctor de la oposición le daba más de un mes de vida. Sánchez no solo le ha doblado el pulso a Donald Trump sino también a Úrsula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea que trató de alinearse tímidamente al lado del bravucón neoyorquino.
Por cierto, ahora la ciudad más poblada e importante de Estados Unidos la gobierna un socialcomunista. El voluble y caprichoso Donald Trump lo llamó comunista despectivamente antes de las elecciones pero tras ganarlas afirmó que sería un alcalde “excelente”.
El presidente de España contradijo a la conservadora alemana y al día siguiente fue ella la que tuvo que rectificar ante el bochorno europeo y mundial. El problema de la derecha española es que se ríe antes de tiempo: primero se mofa del presidente de España y a renglón seguido el mundo se pone a su favor. Ya ocurrió con Gaza y ahora ocurre con Irán. Las burlas al pacifismo le ha costado caro a la derecha española en la historia reciente. El lema contra la guerra lo ha tildado de pueril y simplón, pero las consecuencias para ella no han sido ni inocentes ni infantiles.
Hasta los mandatarios más afines al emperador americano naranja han secundado a Pedro Sánchez. La italiana Georgia Meloni manifestó que las bases americanas en su país no se pondrían a disposición de Estados Unidos si se usaban para atacar a Irán. Lo dijo después de que lo afirmase categóricamente Sánchez y la italiana no tuvo ningún problema en reconocer que el español lo advirtió primero. Los verdaderos patriotas españoles deberían de estar al lado de su presidente y no de uno extranjero muy poderoso que no tiene ningún reparo en ordenar y dictar sus consignas a sus homólogos como si fueran sus lacayos.
Las injerencias políticas de Donald Trump en otros países son intolerables. Ya lo hizo recientemente con los argentinos después de advertirles de que si no votaban a Javier Milei no ayudaría económicamente al país para levantarlo de su precaria situación económica.
Trump, en su lenguaje infantil habitual, volvió a amenazar a España y aseveró que éramos “muy malos” por oponernos a un ataque bélico unilateral y fuera del orden legal mundial. Solo le faltó decir que nos daría tres tortas en el culo si le seguimos desobedeciendo.
Mi nietos Matías y Camila tienen un vocabulario mayor que el del dictador naranja. A pesar de eso, los patriotas de hojalata Feijóo y Abascal exigen obediencia ciega al loco de la Casa Blanca. Para esto no apelan a su anhelada, reivindicada y querida soberanía nacional.
El PP y Vox creen que la soberanía española reside en Washington y no en Madrid. Por eso la presidenta de la Comunidad viajó a Estados Unidos para reunirse con el correligionario alcalde de Sevilla (no es coña, es como si yo me reuniera con el alcalde de Teror en Tegucigalpa) y proclamar al emperador que se ponía a su disposición con el Cuerpo de la Policía Local de la capital matritense para unirlo a los marines norteamericanos en contra de la Guardia Revolucionaria iraní.
En España tenemos unos patriotas de hojalata que no tienen vergüenza. O dicho de otro modo, y parafraseando a M. Rajoy: son unos sinvergüenzas. El PP tiene que decidirse: o no a la guerra o seguir cuatro años más en la oposición. No es tan difícil.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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