Ni caso a Nicasio
El gallego que no es presidente porque no quiere puso el grito en el cielo cuando el presidente de España anunció la desclasificación de los documentos del 23F, el golpe frustrado de un guardia civil frustrado y de unos generales frustrados, todos ellos más franquistas que Franco.
No sé qué pretendía esconder el PP del 23F para que temiera la desclasificación de los papeles de Tejero, Armada, Milans de Bosch y otros chicos del montón. Un día los populares se rasgaron las vestiduras y al día siguiente, como nos tienen acostumbrados en tantos asuntos, su jefe se desdijo y aplaudió la desclasificación porque le servía de subterfugio para pedir una vez más la vuelta del rey a España, como si el gobierno de Pedro Sánchez le prohibiera su entrada.
De hecho viene cada dos por tres a hacerse unas regatas y comer opíparamente con sus amiguetes en Sanxenxo. Nadie le ha prohibido la entrada a España al rey emérito, aunque más bien sea demérito por su comportamiento inadecuado. Es el eufemismo que se utiliza normalmente cuando alguien ha metido la pata hasta el corvejón.
Feijóo dijo primero que la desclasificación de los documentos del 23F era una cortina de humo del gobierno y todos sus lacayos repitieron al unísono lo que decía su jefe, incluida la líder de los pocholos en la Comunidad de Madrid. Repitan conmigo: son unos tristes. Y los alumnos repetían vergonzosamente las chorradas de la seño en sus escaños de la Asamblea de Madrid, que más parecían sillitas de parvulitos de jardín de infancia. Es la escena más bochornosa de los últimos tiempos en esta España cañí.
Ya después, cuando los populares descubrieron que el rey Juan Carlos no parecía quedar tan pringado como se pensaba, cambiaron de idea y aprovecharon para pedir su vuelta a España. El rey emérito tiene 88 años y sabe venir solito a España con la ayuda de sus amigos multimillonarios que le pagan el viaje y la estancia porque el pobre está tieso después de su regalo de 65 millones de euros a su última amante. Se quedó con lo puesto, aunque él sea más de quitarse que de ponerse.
Según los documentos del 81, el rey le dijo a los generales golpistas que ni abdicaría ni se iría de España cuando la intentona. Quién le iba a decir que esas palabras eran premonitorias y que cuarenta años después se cumplirían a rajatabla pero por otros motivos más prosaicos relacionados con el latrocinio y no con el golpismo.
Es muy curioso que la derechona que asegura que Marlaska tenía que haber conocido la presunta violación del jefe policial sea la misma que dice que el rey no tenía por qué saber nada sobre la preparación del golpe del 23F. Si el rey, que es jefe máximo de los ejércitos, no sabe lo que se cuece entre los militares, apaga y vámonos.
Si cortina de humo ha sido la desclasificación de documentos, como sostiene el principal partido de la oposición, más cortina de humo ha sido la muerte de Tejero el mismo día que se conocían los documentos secretos de su golpe frustrado de tragicomedia y pandereta. El golpista fue muy oportunista por morirse ese día tan señalado. Seguramente lo hizo por desviar la atención. Menos mal que el pobre no se enteró de que su mujer lo llamó tonto y desgraciado decenas de veces el 23F, según esos mismos documentos.
El 23 de febrero de 1981 en el Congreso de los Diputados solo había un parlamentario declaradamente ultraderechista, Blas Piñar, presidente de Fuerza Nueva, y hoy en el Parlamento de Canarias hay tres diputados de Vox de ese mismo signo (el cuarto dejó el grupo).
El portavoz de Vox, Nicasio Galván, trató maleducadamente de ningunear a la portavoz socialista, Nira Fierro, después de que el ultra planteara una proposición de ley contra la regularización de inmigrantes impulsada por el Gobierno de España. Nicasio no fue capaz ni de mirarle a la cara y fijó su vista en unos papeles revueltos que tenía sobre la mesa del escaño. El muy marchito.
El PP hizo un amago de apoyar esa propuesta de la ultraderecha canaria pero, tras la actitud machista y malcriada de Galván, retiró su respaldo y los tres diputados de Vox se quedaron solos. Todos los demás grupos del Parlamento votaron en contra de su propuesta xenófoba. Ni caso a Nicasio. Ni a los líderes y lideresas que hoy dicen digo y mañana rectifican a Diego.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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